EL POZO SALVAJE


EL POZO SALVAJE

Por más que aburras esa melodía
monótona y brumosa de la vida diaria,
y que te amansa;
por más lobo sin dientes que te creas;
por más sabiduría y experiencia y paz de espíritu;
por más orden con que hayas decorado las paredes,
por más edad que la edad te haya dado,
por muchas otras vidas que los libros te alcancen,
y añade lo que quieras a esta lista,
hay un pozo salvaje al fondo de ti mismo,
un lugar que es tan tuyo como tu propia muerte.
Es de piedra y de noche, y de fuego y de lágrimas.
En sus aguas dudosas
reposa desde siempre lo que no está dormido,
un remoto lugar donde se fraguan
las abominaciones y los sueños,
la traición y los crímenes.

Es el pozo de lo que eres capaz
y en él duermen reptiles, y un fulgor
y una profunda espera.
En tu rostro también, y tú eres ese pozo.

Ya sé que lo sabías. Por lo tanto,
Acepta, brinda y bebe.


DATOS DEL POETA: Carlos Marzal, poeta español nacido en Valencia en 1961.
Se licenció en Filología Hispánica por la Universidad de Valencia.
Inscrito en la llamada Poesía de la experiencia, es profesor de literatura en el Instituto Puerto de Sagunto y ejerce como crítico literario en el ABC Cultural. Ha sido codirector, durante los diez años de su existencia, de Quites, revista de literatura y toros.
Su obra se ha incluido en las más importantes antologías poéticas y ha sido galardonada, entre otros, con los siguientes premios: Premio de la Crítica 2002, Premio Nacional de Poesía 2002, por «Metales Pesados» y en el 2003, Premio Loewe por «Fuera de mí».
Además de las obras citadas, también ha publicado «El último de la fiesta» en 1987, «Cuatro noches» en 1988, «La vida de frontera» en 1991, «Los países nocturnos» (al que pertenece este poema) en 1996 y «Poesía a contratiempo» en 2002
.

COMENTARIO: ¿Cómo no reconocer ese pozo salvaje en nuestro interior? Nuestra vida consciente, como diría Freud, reprime esas aguas, las amansa diariamente, hasta que, por alguna razón, desconocida, aflora con un torrente que aniquila todo a su paso. Así, "por más orden con que hayas decorado las paredes", todo parece hundirse. La solución siempre es la misma: reconocer ese pozo salvaje, no negarlo, si no aprender a convivir con esas aguas dudosas, "ya sé que lo sabías", y no es tarea fácil, sin embargo. Ojalá bebamos y brindemos como tantas veces. Mientras no llega ese momento, este poema.

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