¡TODO ERA AMOR!


¡Todo era amor... amor!
No había nada más que amor.
En todas partes se encontraba amor.
No se podía hablar más que de amor.
Amor pasado por agua, a la vainilla,
amor al portador, amor a plazos.
Amor analizable, analizado.
Amor ultramarino.
Amor ecuestre.
Amor de cartón piedra, amor con leche...
lleno de prevenciones, de preventivos;
lleno de cortocircuitos, de cortapisas.
Amor con una gran M,
con una M mayúscula,
chorreado de merengue,
cubierto de flores blancas...
Amor espermatozoico, esperantista.
Amor desinfectado, amor untuoso...
Amor con sus accesorios, con sus repuestos;
con sus faltas de puntualidad, de ortografía;
con sus interrupciones cardíacas y telefónicas.
Amor que incendia el corazón de los orangutanes,
de los bomberos.
Amor que exalta el canto de las ranas bajo las ramas,
que arranca los botones de los botines,
que se alimenta de encelo y de ensalada.
Amor impostergable y amor impuesto.
Amor incandescente y amor incauto.
Amor indeformable. Amor desnudo.
Amor-amor que es, simplemente, amor.
Amor y amor... ¡y nada más que amor!


AUTOR: Oliverio Girondo, ver todos sus datos aquí.

COMENTARIO: Ha entrado el calor con fuerza y parece que el amor está a punto de derretirse… Este poema va dedicado a Paco Jurado que, desde el principio, aceptó de buen grado la propuesta de colgar un poema cada semana en nuestro centro. Una semana él, otra yo: con la vana esperanza de que alguien los lea, con la certeza de que este trabajo pasa inadvertido, pero que, curiosamente, nos proporciona aire fresco en una atmósfera a veces irrespirable. Es muy difícil, incluso en un centro educativo, encontrar a ávidos lectores de poesía (o de lo que sea), gracias a su compañía el camino ha sido mucho más cómodo en estos dos cursos. Y aunque esperamos que nuestros caminos se bifurquen y que cada uno encuentre otros destinos más halagüeños, para mí, tener la oportunidad de trazar unos pasos juntos ha sido todo un honor. Gracias Paco y enhorabuena (aunque mi tío Román, que era más sabio que yo, claro, y mucho más bromista, decía, que el matrimonio es la tumba del amor).

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