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ELOGIO DE LA LOCURA

ELOGIO DE LA LOCURA Ya sé que lo escribí. Pero mentía. No amé nunca en un coche, ni salté al asiento de atrás con la muerte en los labios mientras nuestros susurros empañaban fugaces con su nieve en los cristales. Jamás mordí tu cuello en el cuarto de baño de alguna discoteca donde no te arranqué los leggins como si se hiciera con noche tu finísima piel. No bebí de tu boca el deje eléctrico del alcohol, en un bar, mientras cesaba el mundo alrededor, ni me escondí contigo en un portal. Y nunca recorrí tu piel dorada de una playa, cuando ya nadie queda. (Ya sé que lo escribí. Pero mentía). No nos guareció, cómplice, el verano, apartados del resto, en lo oscuro del parque. Mis manos no se hundieron en tus muslos en la fila de atrás de alguna madrugada, de vuelta en autobús, ni te sentaste sobre mí en un cine clavándome en los ojos con tus ojos la más bella película que he visto. Y nuestro amor urgente y puro y tenso no se multiplicó sobre el espejo tras p...

CA-233

CA-233 Para Jesús Sánchez Me pierdo en la carretera futura, desaparezco en la distancia que alcanzo Fernando Pessoa Es de noche, el automóvil que conduzco no es prestado y tampoco es un Chevrolet (aunque quizá detalles así a estas alturas carezcan de importancia). El saxofón que me dejaste se desliza sobre el salpicadero polvoriento, Johnny Hartman canta muy despacio y parece que no hay prisa para llegar a donde quiera que tenga que llegar. Ahí afuera, en la carretera comarcal, el asfalto solo existe cuando las luces de cruce lo iluminan, más allá todo es una incógnita, pero sé que a mi izquierda, al otro lado de la oscuridad, hay un río caudaloso que no se detendrá nunca. Esta noche, será casualidad, los dos avanzamos lentamente hacia el mar. DATOS DEL POETA : Marcos Díez (Santander, 1976), es director de la Fundación Santander Creativa (FSC), ha publicado recientemente, Combustión . No obstante, el poema de arriba pertenece a Puntos de apoyo y...

PARA INICIAR LAS SESIONES DIARIAS DE EL CLUB DE LOS MAESTROS MUERTOS.

Tomar aire frente a la ventana de par en par abierta, saludar al pinar y guiñar a la nube que pasa. Salir pitando por el pasillo, abrir la puerta de un golpe y, tras los buenas días, poner los pies debidamente sobre la mesa, apretar fuerte y, mirando al sur, gritar: "Capitán, mi capitán... yo te prometo que en el día de hoy no me dejaré hacer cautivo nada más que por la belleza, que maldito sea para siempre si me dejo desarmar de la fe en mis poetas, y condenado a galeras sea si no consigo sembrar un jazmín en el desierto. Que estoy dispuesto a vivir únicamente por ver izada la bandera de mi libertad..." Y, acto seguido, con diez cañones por banda, viento en popa a toda vela poner rumbo hacia el país de Alicia y sus maravillas, hacia Macondo, Lilliput o Samarkanda, hacia las Tierras Vírgenes del Sur en pos de ser el primero en desnudarlas con un verso en la mirada. DATOS DEL POETA. Antonio Monterroso (...