DILE A LA QUE ESPARCE


 

Quien ahora es este polvo
Que vuela y decanta
Vacío reclamo de una pasión
Que no responde
Fue una vez esclavo de una ninfa

El viejo lecho de cedro
Teatro de nuestros encuentros…
¿En cuál desván
En qué baratillo de muebles viejos
En qué dormitorio de gente horrible
Se encuentra ahora?
Allí, a seno desnudo, ella luchaba conmigo
Y luego abría mis párpados dormidos
Para seguir riendo...
¡No te rindas combatiente!

Los ojos nos llevan donde ellos quieren
Saciamos nuestros ojos de amor
Antes que conozcan la moderación
Hoy quisiera retener un poco
De aquel aliento que derraman
(Generosamente)
Los mejores amantes...

Se acerca
Como entonces
La hora más tibia del día
Los peces remontan lentamente
Los torrentes semisecos
Y el sol guía nuestros alazanes
Hacia un nuevo horizonte

¡Qué importa si tus cosas llevan prisa
O si tu hora ansiosa te anticipa!
Crecerás como yo
Experta de humedales y camuflajes
Ajena a todo
Podrás soportar inmóvil
El golpe repetido
De los sencillos e implacables hechos

Lo sé, quisieras llorar por todos
Y por cada uno
Pero no podrás hacerlo
Amor te domina
Volverás a las danzas de Iakhos
Y donarás ilusiones hasta el total despojo

No de la ciudad
Sino de tus propios ojos
Querrás escapar...
Has intentado resucitar
Un arte muerta
(La edad exigía una imagen
Una mueca fugaz
Una cierta gracia)
De todo aquello solo resta
Un molde en yeso pompeyano
Malnutrido y agrietado

A la escultura de la rima
No conviene el alabastro
Cristo sucede a Dioniso
Lo fálico a la ambrosía
Han dejado lugar las guerras regulares
A las matanzas y los genocidios
Todo corre...
Pero una arbolada casa de dos pesos
En Témperley
(Ya sin ella en la hamaca)

Refugio transitorio de un tiempo sin retorno
Sobrevive hasta nuestros días
(Mientras siguen eligiendo para gobernarnos
Al sempiterno cipayo y al vulgar estafador...)

¡Ven libro nacido mudo!
Dile a la que esparce
Un tal tesoro sobre el aire
Que dé vida y nuevos bríos al momento inesperado
Pues el mundo se ha vuelto vil sustancia
Y es un color único el que desafía el porvenir

Dile a quien camina con el canto en los labios
Que una boca infame podrá encontrarle aún
Adoradores a buen mercado
Hasta que la próxima hecatombe
O una nueva mutación
Lo hayan destruido todo
Y después todo...
Excepto mi memoria
Y su belleza


DATOS DEL POETAEduardo Alberto Nico (Eduardo Magoo Nico es su firma de autor) nació el 22 de marzo de 1956 en Lomas de Zamora, Provincia de Buenos Aires, República Argentina. Publicó en Argentina su primer libro de poemas, “La Polaca” (Ediciones Cronopio Azul, 1995), el relato “Resurrección” en el diario Perfil (Buenos Aires, 6/1/2008) y el libro de poemas “Puros por Cruza” (Editorial El fin de la noche, 2011). Víctima de la crisis económica que en el 2001 asola a la Argentina, se traslada a Trieste, Italia, donde reside hasta la actualidad. En Italia ha publicado la fotonovela “Escuela de Sirenas” en el suplemento semanal de el diario Il Manifesto (Alias, 9.02.2002). En el 2012 es convocado por el Museo Nacional y Centro de Arte Reina Sofia de Madrid para la muestra colectiva “Perder la forma humana. Una imagen sísmica de los años ochenta en América Latina” curada por Ana Longoni (25 de octubre de 2012 - 11 de marzo de 2013) cuyo catálogo incluye (pag. 69 a 72) una entrevista a Eduardo Magoo Nico realizada en Trieste por Ana Longoni y Jaime Vindel. Ha editado recientemente el poemario “Servidumbres” (La Cartonera Edizioni, Roma, 2023) y “Treinta y seis grados” (La Cartonera Edizioni, Roma, 2024).
 
COMENTARIOAhora que el curso se desmorona entre los dedos y el calendario nos empuja al desenlace, os invito a pararos un segundo y a ser radicalmente honestos: ¿Para qué sirve todo esto? ¿Para qué sirve despertarse temprano, memorizar, acumular datos o descifrar textos? ¿Para qué sirve, en definitiva, leer y estudiar? Si solo sirve para rellenar un papel impreso y conseguir unas notas para el siguiente nivel de un sistema sordo, os aseguro que estamos perdiendo el tiempo. Estudiar y leer solo cobran un sentido verdadero cuando nos dotan de las herramientas necesarias para comprender nuestra propia existencia. Frente al ruido de nuestra sociedad que reduce la vida a una especie de mueca en las redes sociales, la poesía se levanta como el único oficio capaz de buscar la forma precisa para nombrar lo innombrable. El texto que nos regala Eduardo Magoo Nico no es un contenido evaluable ahora que hemos terminado... ¿Y qué? Leamos su propuesta como es un acto de resistencia. Escribir y leer se convierten hoy en la tarea urgente de encontrar las palabras exactas para fijar el temblor de la vida antes de que todo se convierta en polvo, antes de que el verano confunda con la calima lo importante con lo superficial.

El núcleo latente de esta propuesta es la radiografía descarnada de la pasión. La literatura siempre ha intentado atrapar ese misterio que nos sacude por dentro: el enigma de un cuerpo ajeno que se presenta ante nosotros, simultáneamente, como agua y como sed. Es la experiencia de un amor absoluto que sacia el deseo en un instante de plenitud, pero que de inmediato abre una grieta de añoranza insaciable. El texto nos recuerda que algunos fueron atrapados por esa fascinación indomable, por ese combate gozoso donde la risa y el juego desafiaban a la propia noche. La poesía se convierte así en el registro arqueológico de un fuego que, aunque parezca apagado en los desvanes del tiempo o en los dormitorios de la desolación cotidiana, sigue latiendo en el interior de lo que somos.

Sin embargo, el poema no se refugia en una nostalgia al uso. Al contrario, asume con madurez que el mundo exterior corre de manera implacable hacia la prisa, la decadencia y la violencia de los acontecimientos diarios. Los espacios de la memoria sufren el azote del abandono, pero es precisamente en medio de ese paisaje agrietado, de esa intemperie donde la historia avanza a base de catástrofes y olvidos, donde la palabra poética reclama su verdadero poder. (Abro aquí un inciso: ¿notáis el torrente de las imágenes que se despliegan en el poema?, ¿escucháis el ritmo y la sonoridad de la contrucción hecha con palabras? Es necesario que como lectores os acostumbréis a dejaros llevar, como esa canción de Vetusta Morla que se os mete en la cabeza y os cambia el ánimo sin que sepáis muy bien por qué. La poesía, como la buena música, no se analiza con escuadra y cartabón: se hospeda en el cuerpo).

El texto funciona como un testamento ético y estético: cuando las civilizaciones caen, cuando los imperios se transforman y la realidad se vuelve una sustancia vil, lo único que permanece a salvo de la hecatombe es la belleza rescatada por la conciencia humana. Las palabras se lanzan al aire como un tesoro inesperado que da vida y nuevos bríos al presente. Al final, el poema nos enseña que ni el tiempo, ni la prisa, ni el hastío de los hechos cotidianos pueden destruir aquello que ha sido fijado con la precisión de la rima y el compromiso de la mirada. Todo puede correr hacia la desaparición, excepto el refugio indestructible del recuerdo o como su contrapunto, la nostalgia de lo no vivido. El poeta lo sabe y nos lo enseña y nos lo regala en los últimos versos: ante la próxima catástfe o mutación que lo destruya todo, hay un elemento que permanecerá a salvo: mi memoria / y su belleza.

Agradecemos la paciencia y la generosidad de Eduardo Magoo Nico con nuestro blog, ya forma parte de La Voz de la Poesía

 

ACTIVIDADES

  • Elige otro título para el poema. Justifica tu elección.

 

  • ¿En qué sustancia o elemento físico se ha convertido aquello que en el pasado fue un individuo apasionado? ¿A qué figura mitológica se nos dice que estuvo sometido o esclavizado ese ser en sus tiempos de juventud?

     

  • Según el poema,  ¿qué hacía la mujer después de luchar a pecho descubierto con el protagonista para demostrar que el juego continuaba?

 

  • En el tramo final se describe un relevo histórico y cultural drástico mediante oposiciones. ¿Qué figura religiosa sucede a la deidad de Dioniso? ¿Qué sustituye a la ambrosía y qué reemplaza a las guerras tradicionales o regulares? 

  

  • En las estrofas finales se menciona una "arbolada casa" en la localidad de Témperley que sobrevive a pesar de la ausencia y del contexto político adverso (donde se alude a quienes nos gobiernan con dureza). ¿Por qué los lugares físicos de nuestra infancia o de nuestros amores se convierten en "refugios transitorios de un tiempo sin retorno"? ¿Qué espacio de tu propia vida considerarías tu "Témperley" particular? 

 

  • Seguro que conoces la canción de Vetusta Morla: 

    ¿Por qué crees que en la vida, a veces, "dejarse llevar" por la memoria y la belleza de lo vivido no es una derrota, sino la mayor de las victorias? 

 

  • Deja un comentario, si te apetece, en esta entrada compartiendo qué te ha parecido este poema de Eduardo Magoo Nico o cuál ha sido tu propio refugio durante este curso que ya termina. 

 

 

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