Dije que algún día hablaría de mis silencios...
Después de un gran dolor la sensación de orden Emily Dickinson Dije que algún día hablaría de mis silencios y hablé por fin de la hora oscura del alba. Descubrí que en el desierto existe una lluvia fantasma llamada virga. Vi de cerca la boca azulada y letal de la serpiente, su cuerpo, endometrio, una línea blanca atravesando la arena negra. Aprendí que en inglés ‘aborto espontáneo’ se dice miscarriage que suena como dejar de ser el carruaje que transporta a alguien. Pensé que un hijo es una roca roja entrando en un vientre y que hace unos meses di a luz un coágulo, un hijo de dieciséis milímetros, un conjunto de células abrazadas por la sangre. Volví a traer a mi mente aquel verano en el que la bráctea de la palmera impactó contra el suelo, arrancada por el viento del este. Recordé caminar una playa inmensa, la ternura del calor, el humo de otros nombres escritos en un papel que se quema, una casa que ya no la derriba cualquier temblor, la luna bajo los pies de una mujer luminosa, coro...