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Sobre una rama seca

un pájaro se posa,

                     descansa el vuelo,

                                           se inclina y abanica el aire.


                                                                               A veces pienso que esa rama

es la mano de un viejo pajarero

                                  o de un mendigo

                                       en cuyo gesto pide

                                                     ser tocado por el

                                                  instante

                                                           de un milagro.



DATOS DE LA POETA: María Alejandra Garcés Isaza (Jericó, Antioquia). Profesional en Estudios Literarios de la Universidad Nacional de Colombia (2022) y Especialista en Gobierno, Gerencia y Asuntos Públicos de la Universidad Externado de Colombia (2024). Ha sido docente del Departamento de Trabajo Social de la Universidad Nacional de Colombia y coordinadora de seminarios en la Escuela de Pensamiento Crítico Maestros de la Sospecha de la Fundación Cultural Entrelíneas. Cuenta con experiencia como asesora en procesos de escritura,  corrección de estilo, formulación de políticas públicas y gestión de proyectos. 

Cocreadora del proyecto de mediación de lectura Alas de Papel para Leer por Colombia desde el 2021, con incidencia en población rural vulnerable. Cocreadora y presentadora del programa de literatura El baúl de Pessoa en Radio UNAL Medellín.


COMENTARIO: Vivimos en la era de la prisa, del bombardeo de estímulos y de las pantallas que saturan nuestra capacidad de asombro. Por eso, detenerse ante la propuesta de María Alejandra Garcés es casi un acto de resistencia revolucionaria. La poesía necesita palabras exactas, un ritmo, un tono y una estructura propia en cada poema. No es un mero desahogo sentimental, sino una artesanía del lenguaje. Y la poesía, si nos llega, a veces, es porque señala lo obvio: una escena cualquiera, común, que ha estado siempre ahí, pero iluminada con una mirada distinta. La autora nos obliga a frenar el ritmo y a fijar los ojos en una estampa mínima de la naturaleza, recordándonos que la gran literatura no necesita de grandes fuegos artificiales, de palabras rebuscadas, rimbombantes, de experiencias límites, de una vida llena de aventuras y viajes... No, la poesía, en muchos casos, pasa por tener la capacidad de ver el misterio en lo cotidiano.  

Además, lo fascinante de este texto es cómo la forma y el contenido se funden de manera indisoluble, reforzándose mutuamente. Si os fijáis en la disposición de las palabras, la composición no sigue un margen rígido ni tradicional. El poema respira a través del espacio en blanco. La tipografía avanza de izquierda a derecha, escalonándose de forma paulatina y ligera. Ese dinamismo visual imita de manera perfecta el comportamiento de la vida: la aproximación pausada, el instante en el que algo se posa, el balanceo físico sobre un soporte y el posterior despliegue de las alas en el vacío. Las palabras no solo dicen cosas: las palabras hacen cosas en la página. El texto es, en sí mismo, la coreografía de un vuelo que se detiene. El acierto es mayúsculo, porque desde ahora en adelante, al ver posarse un pájaro en una rama seca, nuestros ojos ya verán otra cosa.

Pasamos de la mera descripción de la naturaleza a la pura especulación filosófica. Es ahí donde la mirada de la autora se vuelve antropomórfica. Aquel elemento de la naturaleza que parecía inerte y desprovisto de vida (esa madera deshojada y desértica) se transforma mediante la imaginación, mediante el poder de la palabra, en una extremidad humana desamparada. Al convertir el soporte en la mano de alguien que ha dedicado su vida a las aves o en la mano de un desposeído que suplica en la calle, el poema se carga de una realidad distinta.

Ya no estamos asistiendo a un simple fenómeno biológico, sino a una parábola sobre la vulnerabilidad y la necesidad de cuidado. Esa mano estirada, seca y arrugada por el tiempo, no pide sustento material ni monedas, reclama, de manera silenciosa, una conexión, un roce, un contacto efímero que dote de significado a su existencia. Tal vez sea una especie de oración que nadie escucha, una súplica a la madre o la diosa naturaleza para ser rozado de nuevo, aunque sea durante un instante. La poeta nos enseña que el verdadero milagro no consiste en que las leyes de la física se rompan, sino en nuestra capacidad para rescatar la belleza del olvido y conmovernos ante la fragilidad del otro. En el fondo, todos necesitamos ese abrazo en forma de vuelo, ese paréntesis en medio del ruido y la prisa, camuflado en forma de cotidianidad, para sentarnos a contemplar la belleza descarnada que nos rodea. Se trata de parar, respirar, sentir. Se trata de parar, respirar y encontrar las palabras exactas para hacer de lo ordinario, algo verdaderamente extraordinario. Porque, si somos honestos, todos, en algún momento del día o de la vida, estamos estirando el brazo en la penumbra, suspendidos en el aire, esperando que alguien se pose en nosotros, rompa nuestra soledad y nos invite, por fin, al vuelo.

Agradecemos a María Alejandra Garcés el envío desde Colombia. Ya forma parte de La Voz de la Poesía, que cada curso va incorporando más acentos diversos de nuestro idioma.


ACTIVIDADES.

  • El poema no tiene título. Imagina uno. Y explica tu elección.
  • El poema describe cronológicamente las acciones que realiza el ave desde que llega hasta que se asienta. Haz una lista con los cuatro verbos que utiliza la autora para detallar los movimientos del pájaro. Explica qué significa exactamente que el animal "abanica el aire".

  • ¿En qué dos figuras humanas se transforma la rama seca a través de la imaginación de la autora?¿Qué rasgos físicos o existenciales comparten una rama vieja con un pajarero anciano o un mendigo?

  • El texto cierra con el deseo de "ser tocado por el / instante / de un milagro". Normalmente pensamos en un milagro como algo sobrenatural (que las cosas floten, que el tiempo se detenga). Sin embargo, en este poema el milagro es algo mucho más sencillo. ¿Cuál es el verdadero milagro que se describe en estos versos? 

  • ¿De qué manera la estructura visual del poema imita el vaivén del pájaro sobre la madera? ¿Por qué el uso del espacio en blanco es fundamental para marcar el ritmo y dar la sensación de que el poema respira o se toma un descanso?

  • Fíjate en los versos finales: la autora rompe una frase de manera abrupta dejando la palabra instante sola y separada de de un milagro. En literatura, romper la estructura sintáctica entre dos versos se llama encabalgamiento. ¿Crees que hacer eso refuerza esto la idea de la fugacidad del tiempo?

  • ¿Por qué crees que detenerse a mirar un pájaro o a leer versos es un desafío al sistema actual? ¿Sientes que las pantallas han saturado o adormecido tu propia capacidad de asombro?

  • Tomando como base la hermosa metáfora final del poema, donde una rama estira el brazo esperando que alguien se pose en ella, escribe una breve redacción (de entre 10 y 15 líneas) respondiendo a una de las siguientes preguntas: ¿Ante quién estiramos nosotros el brazo en nuestra vida cotidiana buscando refugio? ¿De qué manera podemos convertirnos nosotros mismos en esa rama dispuesta a sostener y cuidar el vuelo de los demás?

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