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Mostrando las entradas etiquetadas como mujeres olvidadas

MI VECINA MARÍA DOLORES

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  Mi vecina María Dolores tiene ochenta y nueve inviernos, ochenta y nueve como mi generación pérdida y unida en la pérdida, reventándonos contra la despreocupación de un domingo en la resaca; ciudad de vacaciones, error y destino que ya sólo reciclo una vez al mes.   Mi vecina María Dolores, se levanta justo a la hora en la que mi tío no recuerda como ha vuelto y el sol ni asoma en la nuca de los agricultores de Detroit.   Ella, que nunca ha salido del Realejo como si fuera de Triana o como si la palabra República no fuera lenguaje de banderas, todas las mañanas a grito de afilador da los buenos días a su perro — pequeño negro canguro — de un ladrido tan agudo que es kryptonita para mi acufeno, herencia genética como es la alergia al metal.   Me despido de María Dolores cuando paso días fuera y el día que me fui a Roma recordó su viaje al Vaticano, justo antes de preguntarme si ahora no tenía novio o no...

LA MUJER DE MI VIDA (DÍA DE LAS MADRES)

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  Las mujeres de mi vida me fueron desveladas poco a poco... Me parió una madre eterna y parí a una hija infinita. Las mujeres de mi vida me fueron desveladas poco a poco. Las amigas-hermanas, las que siempre fueron, las de caminos de largo recorrido, las que enraizaron al instante y los hermosos referentes que construyeron las mil historias que sostienen la otra historia de la vida. Las mujeres de mi vida me fueron desveladas poco a poco. Entre ellas me recuesto a descansar de los días, con ellas traduzco las nuevas versiones de este ensayo y reímos a cada rato del milagro de estar vivas. La mujer de mi vida me fue desvelada de un día para otro, tras el espejo dormía. A la mujer de mi vida la cuido y la honro, con ternura, amor y dignidad florezco agradecida a este nuevo día. DATOS DE LA POETA:  Teresa Suárez (Huelva, 1976).   Escritora e Historiadora del Arte. Máster en Género, Identidad y Ciudadanía. Se dedica a la   docencia y a la gestión cultural. Trabaja la p...

ESTOS DEDOS QUE BAILAN

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Nosotras, en el patio de atrás de una casa muy grande, oreando el rencor con los brazos en alto y el dolor de los siglos en los hombros. Nosotras, estirando este rencor tan blanco, dejando que todo el sol del mundo lo atraviese. Nosotras, vigilando el fuego de otros, cocinando los huesos de otros para hacer esta sopa que a otros servirá de alimento. ¿Y qué tenemos nuestro más allá de estos dedos que bailan alrededor del cuello de las bestias, de estos dedos que matan con un movimiento rápido, preciso, y cocinan lo muerto para dar de comer a una estirpe maldita? Nosotras y el rencor que se tiende en los patios traseros de las casas. Nosotras: ¿para cuándo otras manos, otra historia, otra estirpe? DATOS DE LA POETA :  Olalla Castro (Granada, 1979) es doctora por la Universidad de Granada (su tesis sobre la narrativa de Enrique Vila-Matas recibió el Premio Extraordinario de Doctorado) y licenciada en Periodismo y Teoría de la Literatura. Su primer poemario...

ELLA NO

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La Barbie no vive el sueño patriarcal, no pasa los días en la cocina filtrando su vida entre sartenes. No le importa si amanece negra, roja o amarilla ni tiñe de muerte su vestido rosa por lucir una falda a media noche por tomar un taxi después de la parranda. No, la Barbie no crece en arrabales entre basura y perros callejeros. No gana menos por haber nacido Barbie ni se vuelve carroña en los desiertos. Qué suerte, la Barbie no maquilla la huella de los celos no vive empobrecida no carga hijos sin padre no tiene sexo obligatorio. Qué maravilla, la Barbie es de plástico irrompible, de ojos que no lloran de piel sin celulitis cintura que no engorda vagina impenetrable. Qué maravilla, La Barbie no tiene miedo de ser Barbie. DATOS DE LA POETA : Delma Cecilia (Chihuahua) es Doctoria en Pedagogía Crítica, Docente en la UACJ, maestra, académica, poeta, soprano... COMENTARIO : Esta semana que se acabará en 8 de marzo, el feminismo...

ESCENA CON NIÑOS

Estalló la rabia, ese sentimiento primitivo de espuma pegajosa y amarga. La ira soberana entraba por la nariz como un aire salado que saturaba los pulmones de los náufragos. Estalló la rabia ciega tratando de abrirse paso en la oscuridad del mundo, su desesperación era el epígrafe de los desplazados que abarrotaban las lanchas llevando en sus brazos a sus hijos asustados, rígidos, por los gritos y el frío del mar. Esencia de vida arrebatada, instante compartido con un gesto en todas las pantallas de un siglo que presume de tener el poder de verlo todo al mismo tiempo. Infinitas pantallas de plasma, superficies táctiles, espejos de luz para asomarnos al abismo de los desesperados y ser espectadores, mirones en un anfiteatro sin gradas donde los gladiadores son ahora los niños esclavos de las guerras que salen a luchar contra las olas. Ilusión transparente que reparte sonrisas con las manos, el poder de un tiempo cibernético donde los pulgares al...