Día 9 Del hecho árido
I Pido silencio al pulso del pluviómetro, escampa árido el rictus de la raíz. Ay cómo se clava endógena la puntería al entrecejo, se agota enteramente la duda de los lagos, la boca abierta-pez, descolocamos los muebles, abrimos las bujías con estos codos que aristan distancia y putrefacción, cómo de inhóspito es el caldo cocido con pastillas de Avecrem, cuánto hormigón cocinas. Me pregunto dónde quedó el tacto que nombras: las vacas que oigo mugir pastan en cuatricromía a distinto porcentaje magro, en hilera láctea, frente al azúcar y el café. Un tipo con gorra bajo techo (sospechosamente conjuntado) friega el pasillo. El llanto es el ruido del vidrio que rompe un bote de zanahorias bebé, qué tipo de mundo es éste en donde se venden botes de zanahorias bebé, son tan pequeñas y tan zanahorias y tan caen. Los ríos de sonrisa blanqueada, innaturablemente dispuesta, sin que quede hueco al soplido. Qué fucsia es el idioma de los patos, cabe su TIC TAC en una la...