Entradas

Leído hace poco

DILE A LA QUE ESPARCE

Imagen
  Quien ahora es este polvo Que vuela y decanta Vacío reclamo de una pasión Que no responde Fue una vez esclavo de una ninfa El viejo lecho de cedro Teatro de nuestros encuentros… ¿En cuál desván En qué baratillo de muebles viejos En qué dormitorio de gente horrible Se encuentra ahora? Allí, a seno desnudo, ella luchaba conmigo Y luego abría mis párpados dormidos Para seguir riendo... ¡No te rindas combatiente! Los ojos nos llevan donde ellos quieren Saciamos nuestros ojos de amor Antes que conozcan la moderación Hoy quisiera retener un poco De aquel aliento que derraman (Generosamente) Los mejores amantes... Se acerca Como entonces La hora más tibia del día Los peces remontan lentamente Los torrentes semisecos Y el sol guía nuestros alazanes Hacia un nuevo horizonte ¡Qué importa si tus cosas llevan prisa O si tu hora ansiosa te anticipa! Crecerás como yo Experta de humedales y camuflajes Ajena a todo Podrás soportar inmóvil El golpe repetido De los sencillos e implacables hec...

I

Imagen
  I Sobre una rama seca un pájaro se posa,                      descansa el vuelo,                                            se inclina y abanica el aire.                                                                                A veces pienso que esa rama es la mano de un v...

18 GALLETAS

Imagen
Hace más de un millón y medio de años, en un lugar llamado Dmanisi, ligeramente al sur de Tiflis –capital de Georgia– un hombre fue a morir sobre un lecho de tierra que quiero imaginar verde y porosa. Se saben de aquel hombre apenas dos detalles que el azar travestido de fósil nos legó en la curva molar de su mandíbula. Se trataba –esto es seguro– de un anciano, como tú, papá, pero también como yo pues frisaba a lo sumo los cuarenta. No poseía dientes –¡La gran revelación!– y sin embargo sabemos por notables arqueólogos que consiguió vivir –limpia la encía, desdentada– un tiempo no menor. El único sentido, el más sublime, de esta historia de barro que te cuento nos lleva a concluir que estamos ante el hombre primero que alumbró la compasión ajena, el primer homínido degradado, inútil, inservible que recibió el amor de una comunidad. Porque alguien, papá, tal vez agradecido por quién sabe qué avatares de fuego, de sequía y precipicio, masticó veinte, cuarenta, cien veces las hebras seca...