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VACACIONES EN ROMA (PARA UNA CEREMONIA DE DESPEDIDA)

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Nada es imposible, la palabra en sí misma dice ¡"mi-posible"! AUDREY HEPBURN Qué verano tan crujiente, Joe Bradley. El calor se ha pegado a las calles como un astro en peligro, la ciudad se ha llenado de tigres, de piernas desordenadas, de camisas blancas que saludan como diminutas banderas taoístas. Qué regalo increíble el de la eternidad en el cuerpo, Joe, o tú y yo, mi precioso journalist , nosotros, que no somos más que nuestro amor secreto. ¿Te he dicho que estoy preparada para el viaje? Recorreremos en vespa Il Colosseo, Piazza Venezia y esa dulce intersección de todo amor inventado. Oh loco amor que trastornas mi cartílago amenazado siempre por tu no poder ser, inaccesible amor de alas terribles, airoso amor que de niñez llenas el mundo. Oh tímido Gregory Peck que calzas mi zapato en la orilla de tu boca. Oh murciélago suave que vienes a mis ojos para mirarle mejor. Oh Cupido ciego, lobo estepario, príncipe indeciso, ¿no podrías tú convertirnos en animales afines? ¿no

LA GUERRA Y LOS NIÑOS

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Para mi amigo Marwan Los niños de Gaza duran poco. Casi nada. Tres bombas. Duran muy pocos meses sin comer. Están mal hechos los niños gazatíes. Y las niñas. Qué débiles. Solo dos bombas y ya está. Uno enciende la tele, pone la radio, lee la prensa digital y ahí están, muertos, muertas. Sin padres. Sin abuelos. Sin maestras. Sin tías. Muertos y muertas a tan temprana edad. No sé cómo pueden. Ni siquiera sienten curiosidad por la palabra “adolescencia” Niños y niñas que se mueren igual, desfachatadamente. Y uno aquí, tan adulto. Tan víctima de sus cadáveres. La ONU lo ha dicho sin remilgos: “Hay más niños muertos en Gaza en 5 meses que en todas las guerras ocurridas durante los últimos cuatro años”. Las estadísticas no engañan. Y uno aquí, tan adulto. Con la cerveza calentándose, evaporada de estupor. Que se acabe la guerra, digo yo, porque de lo contrario tendrán la cara dura de seguir muriéndose. Que se acabe la guerra, digo yo, porque no hay nada peor que un huérfano acusándonos de s

ÉXODO (PARA UNA CEREMONIA DE DESPEDIDA)

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Tuve un río y un puñado de trigo. Tú tenías un trozo de ribera  y un prado alto de arcilla compacta para plantar el grano. Cuando llegó la niebla nos pilló repartiendo la cosecha, el barro, la pendiente y el relámpago. Y escondió a la centella  en su manto de bruma y al barro y la pendiente. Solo quiso agua dulce para calmar su ansia de nube acomplejada.  Y a fuerza de beber se convirtió en espejo. Vidrio plano en reposo donde se atusa el mirlo. Nunca habrá nuevo hogar  porque hogar es arraigo y hoy no sé quiénes somos. Tú te llevaste un cántaro y un libro. Yo robé el ulular de los mochuelos para no confundir  el desmogue del ciervo con las moras maduras. Siempre es septiembre cuando ya no hay nadie que recuerde el nombre de la vereda que llevaba a tu casa entre los tilos. Ahora huele a barbos y a sanguijuelas ancladas en la piel de la memoria donde bulle un perol  con ajos y pan negro al que habrá que echar sal y algo de arrojo para que no se olvide la receta. DATOS DE LA POETA :  Son

CANÍBALES

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Corta por ratos la náusea que corre con sus pies ata- jando la luz barata de un clóset. Están. Sus medias  trajinando dolorosamente, pasan sin poder asirse de  los tobillos del enano. Mi sujeto deforme es el demo- nio que me quitó de la costilla Dios cuando nací.  Yo creía que al menos tendría alas y oro cubriéndo- me la frente pero entre fotogramas viví el pánico del  acero quirúrgico negociando los pulmones de mi  madre con frascos coloreados al azar e intravenosas  que le sacudían la infancia. Entonces ella gritaba a  mi abuela, yo le gritaba a mi abuela, mi hermana le  gritaba a mi abuela, la tía le gritaba a la abuela. Se  tenía que hacer pública aquella hipótesis de que la  abuela era abuela, pero era mala madre. Lo logra- mos. La partimos. Nos comimos sus piernas peque- ñitas y su boca que se sostenía sobre el mentón  de los besos infinitos del 96. Los caníbales celebramos cumpleaños y fiestas de  guardar.  Somos de centro-izquierda, pero le pagamos poco  a la doméstica.  Y vivi

HAY ALGO EN EL AMOR

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Hay algo en el amor que pertenece                             a este mundo                             GONZÁLEZ IGLESIAS, J.A.  Hay algo en el amor que no nos pertenece. Que es fuga. Algo como esta luz diaria que no es nuestra tampoco. Como el calor que deja el cuerpo en las estancias, entre las sábanas. Que se evapora y resiste de algún modo.               Respiro. Cuerpo de átomos el aire             me acontece y es la dicha.             El solo aire, tu dicha             en mi respiración.   A cambio sé que venceremos. La fuga de tu aliento sobre el mundo se curva entre las flores, amenaza a la muerte, sortea precipicios y ya solo el viento puede ser lecho de especias, resistencia fecunda de la vida. DATOS DE LA POETA : Mónica Velasco (Salamanca, 1979). Licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Salamanca, la poeta Mónica Velasco cursó estudios en "Université Paris IV Sorbonne" y en las Universidades de Sevilla, H

LOS NIÑOS DE PALESTINA

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Los niños de Extremadura van descalzos. Rafael Alberti Los niños de Palestina trabajan mañana y tarde. ¿Quién ha matado a sus padres? Los niños de Palestina solo saben tirar piedras. ¿Quién derribó sus escuelas? Los niños de Palestina nunca se lavan la cara. ¿Quién les ha cortado el agua? Los niños de Palestina malviven en campamentos. ¿Quién les privó de sus techos? Los niños d