LA MEMORIA DE LA PIEL
La memoria de la piel es un aserradero cuando estalla la arena del reloj, cuando las gaviotas huellan la playa en busca de una presa verde mar tras un ejército de hormigas, atentas a sus renglones torcidos. El amor es un bastardo sin hospicio, lo sabes, yo también. Pero se acerca la hora y al otro lado de la ventana las gaviotas, blancas, afilan su chillido y azuzan el hambre con su vuelo rasante. Cierro los ojos. Tú me miras desde tu acantilado, desde él yo te miro. El silencio es inmortal en este desmoronamiento de balbuceo sin vocales, apenas una consonante. Me desahucian los besos rotos ante el espejo, las hormigas hundidas en el vaso casi vacío, su líquido oscuro derramándose, atravesando mis pulmones como un desafío. Nada tiene sentido y, sin embargo, ahí está, ahí estoy, sin ti, conmigo, inerte, materia que estalla, arena disuelta, piel con memoria. Las gaviotas son testigo. DATOS DE LA POETA : Dolors Fernández Guerrero (Barcelona, 1968) es licenciada en Filología Hispánic...