THE HORSE SOLDIERS (1959). UN POEMA PARA FOCO Y EL COLECTIVO BRUMARIA
La guerra era la guerra en aquella película. Los cañones sonaban de verdad. Los heridos sufrían de verdad. El cielo reflejaba al rojo de la sangre mezclado con el fuego de las detonaciones y el terror se extendía por el estremecido paisaje, como un ángel oscuro desplegando sus alas de murciélago sobre la inmensidad de la verde planicie, salpicada de cuerpos destrozados. La guerra era furia en Misión de audaces, y sonido que estallaba en las sienes, y era un cuento contado por un idiota (y todo eso que dice Shakespeare en Macbeth). Pero había grandeza en esa guerra. Y John Ford, que no era ningún idiota, supo subrayar ese aspecto (hoy tan poco política- mente correcto) y darle a la guerra un sentido más allá del vacío, más allá del dolor. La nobleza, el honor, la bravura, el espíritu de sacrificio, de caballerosidad, el coraje y la buena crianza son virtudes que habitan en el pe...