LA BIBLIOTECA
Aquellas escaleras me llevaban directa al paraíso… No recuerdo la fecha, pero sí la emoción y el gozo inenarrable, casi el trance, cuando yo descubrí, por vez primera, cifrados entre letras de alfabeto, misterios del saber de todo tiempo puestos así, a mi alcance, sin límite ni precio, y ese silencio casi religioso que teletransportaba, burlando a los relojes, como si fuera alfombra de Aladino, en reencarnaciones instantáneas en la piel de papel de los protagonistas de miles de relatos y poemas. Pequeñas lamparillas de concentrada luz delimitaban mundos habitados de un reino de utopías que morían al cerrar el volumen devuelto acto seguido a su cárcel sin dueño, a la espera de encontrar otras manos que obraran el milagro de volverle a dar vida, y así recuperar esa intangible magia que guardan en sus pliegues las palabras, poderoso instrumento con facultad a una de matar y sanar. ¡Bendita seas por siempre oh, Tú,...