VIVIMOS RODEADOS DE MUERTOS
Vivimos rodeados de muertos
Un mismo aire nos circunda
nos envuelve
un muerto recién desprendido
de su cuerpo
camina cerca de nosotros
un muerto que se aferra a los recuerdos
a los objetos
y a las personas que quería
Hay un muerto oculto
detrás de cada castillo
o casa antigua
un fantasma que no quiere
desprenderse de su infierno
de su antiguo mundo de materia
de sus reinos de deseos
Un muerto nos observa
lee nuestras mentes
y reproduce sus ideas
sus pensamientos
A veces se asoma a nuestra ventana
como un pájaro de buen o mal augurio
o una gran polilla acurrucada
en una esquina del tumbado de la casa
Es un muerto que respira
de la misma chispa divina que nosotros
un alma que aún
no se ha ido de este mundo
un muerto que recuerda
y nos envía una señal
nos muestra que fuimos
y seremos un día como ellos
Vivimos rodeados de muertos
que viven en el aire como nubes
como vapor de vida terrestre
que se desvanece
Algunos con tristeza
ven a sus parientes que los lloran,
y no quieren despedirse
recorren los lugares que habitaron
A veces se nos aparecen en recuerdos
que no nos abandonan
o en nuestros sueños más vividos
son muertos muy cercanos
que deben aceptar
que una nueva vida les espera
que deben elevarse
continuar con su proceso evolutivo
pasar a la siguiente esfera
Comprender que regresan a su esencia
al cosmos de donde
en otro tiempo se desprendieron
Los muertos viven entre nosotros
solo que no nos hemos dado cuenta.
Frente a una época que pretende domesticar la sensibilidad o encerrar el luto en la rigidez, convertir un trance tan solemne y doloroso como la pérdida de un ser querido en una "fiesta" (como hacen tantas culturas al honrar a sus difuntos) supone, más bien, una radical reivindicación de la vida. Celebrar la memoria de los que ya no están no debería, sin embargo, servir para maquillar u ocultar el desgarro real de la ausencia, ni tampoco apagar la genuina alegría de seguir vivos. En este poema, la autora ecuatoriana nos sumerge en esa frontera invisible, planteando una mirada insólita: imaginar el dolor de la pérdida no solo desde el latido de los vivos, sino asomándose a lo que supuestamente experimenta el que se marcha. Aunque la razón científica nos recuerde que la muerte es la ausencia total de vida y de conciencia (el lugar donde habitan el recuerdo, el deseo y la identidad), los versos de Laura Nieves nos permite habitar el territorio del símbolo para explorar la persistencia del afecto frente al vacío.
Esa confrontación lúcida con el final de la existencia nos devuelve una dignidad esencial que nuestra época suele esquivar. Ya lo advertía Lucio Anneo Séneca en sus Epístolas morales a Lucilio, al reflexionar sobre la libertad humana y relatar cómo algunos prisioneros preferían quitarse la vida antes que ser forzados a masacrar a otros en el anfiteatro romano, recordándonos con contundencia que «es más digno que los hombres aprendan a morir que a matar». Asumir nuestra finitud y la de los nuestros no es un ejercicio de derrota, sino un acto de lucidez soberana que rechaza la violencia del mundo y abraza la memoria con autenticidad.
Tal vez debiéramos aprender a escuchar con más calma a los muertos, preguntándonos qué nos dirán si alguna vez logramos sintonizar con su silencio. Probablemente nos enseñarían a relativizar los pequeños conflictos cotidianos, a abrazarnos más y a dejar de fabricar mezquindades que empequeñecen nuestro día a día. Nos recordarían que estamos aquí para crecer, para darnos a los demás, para ser generosos, amar y hacer sentir a quienes nos rodean que la vida merece la pena (aunque en el fondo, tal vez, contemplada con absoluta frialdad, no la merezca). Porque en este tránsito inevitable, siempre es necesario aprender a pasar al otro lado. Si lo pensamos, en el fondo, en el poema late la idea de que los muertos no saben irse. Saber despedirse también es un arte que debería aprenderse. No sabemos qué nos esperará al otro lado y el final de las relaciones con las personas que amamos nunca es fácil de gestionar, porque nadie se va del todo, como nos recuerda Laura Nieves. Sin embargo, la mejor manera de aprender a irse es tener la certeza de que hemos vivido junto al otro con pasión, con autenticidad, aprovechando cada instante y haciendo de cada momento algo eterno.
Escuchad a los muertos, a los que no están, a los que han desaparecido es más necesario que nunca: nos hablan, nos susurran o incluso nos gritan. La lectura es un modo de aprender a escucharlos. Ahora mismo, al leer el magnífico poema de Laura Nieves, nos viene a la cabeza, inevitablemente, Borges, cuando en El palacio, nos da esta lección, que bien podría suscribir Séneca: "La fecha que el acero graba en la lápida y que los libros parroquiales registran es posterior a nuestra muerte; ya estamos muertos cuando nada nos toca, ni una palabra, ni un anhelo, ni una memoria. Yo sé que no estoy muerto." ¿Y tú, estás vivo o muerto? ¿Algo te toca, con qué palabra, desde qué deseo, con qué recuerdos?
Agradecemos el envío de Laura Nieves, llegó in extremis, pero en el momento justo. Ya forma parte de La Voz de la Poesía.
- El poema no tiene título. Inventa uno y justifica tu elección.
- ¿Cómo describe la autora la resistencia de los ausentes a marcharse? Explica qué simbolizan imágenes como «un sueño que aloje una moneda en el párpado» o el tránsito hacia la «siguiente esfera».
- ¿Qué estrofa o conjunto de versos te ha parecido más impactante, cuáles te parecen más tristes y cuáles más emotivos? Justifica tus respuestas.
- Escribe un breve texto argumentativo reflexionando sobre qué preocupaciones mezquinas de tu día a día deberías empezar a dejar atrás si has aprendido con este poema algo sobre la muerte.
- Investiga cómo se celebra este día en Ecuador y en Suiza. ¿Qué semejanzas y diferencias encuentras entre dichas celebraciones con respecto a España?
- Lee el texto de Borges. Responde a las últimas preguntas que lanza el comentario.
- A partir de la cita de Séneca, busca información sobre el modo de abordar el estoicismo del pensador cordobés. Busca también información sobre su célebre tratado De senectute (sobre cómo transitar la vejez y la cercanía del final con dignidad). Reflexiona a partir de lo investigado para contestar a la siguiente cuestión: ¿Qué significa hoy «aprender a morir» en una sociedad que oculta la vejez, maquilla la muerte y huye del dolor?
- En el comentario se hace alusión a una serie documental, exactamente a este capítulo:
¿Por qué crees que el ser humano, incluso antes de desarrollar una ciencia o una medicina que explique la muerte, necesitó dar un sentido simbólico al dolor por la pérdida?
- El poema y la cita inicial de Rudolf Steiner sugieren que habitamos entre dos planos, rodeados de un «mundo etéreo» y sutil donde la presencia de los que ya no están sigue interactuando con nuestra realidad. Investiga brevemente quién fue Rudolf Steiner y en qué consiste la antroposofía. A partir de su premisa de que el ser humano vive inmerso en el aire físico como en el plano espiritual de los muertos, reflexiona: ¿De qué manera el arte, la poesía o la intuición nos permiten conectar con dimensiones de la existencia que escapan a la ciencia empírica y al cálculo materialista?
- Os proponemos esta actividad de Creatividad Literaria.
- Deja un comentario más abajo, si te apetece.
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