VIVIMOS RODEADOS DE MUERTOS



 Es tan cierto el hecho de que vivimos
 dentro del aire como que estamos 
rodeados por el mundo etéreo
de los muertos.

                                                                                                           Rudolf Steiner

Vivimos rodeados de muertos

Un mismo aire nos circunda

nos envuelve

un muerto recién desprendido

de su cuerpo

camina cerca de nosotros

un muerto que se aferra a los recuerdos

a los objetos

y a las personas que quería


Hay un muerto oculto

detrás de cada castillo

o casa antigua 

un fantasma que no quiere

desprenderse de su infierno

de su antiguo mundo de materia

de sus reinos de deseos


Un muerto nos observa

lee nuestras mentes 

y reproduce sus ideas

sus pensamientos


A veces se asoma a nuestra ventana

como un pájaro de buen o mal augurio

o una gran polilla acurrucada

en una esquina del tumbado de la casa

 

Es un muerto que respira

de la misma chispa divina que nosotros

un alma que aún

no se ha ido de este mundo 

un muerto que recuerda

y nos envía una señal 

nos muestra que fuimos

y seremos un día como ellos


Vivimos rodeados de muertos

que viven en el aire como nubes 

como vapor de vida terrestre

que se desvanece


Algunos con tristeza

ven a sus parientes que los lloran,

y no quieren despedirse

recorren los lugares que habitaron

A veces se nos aparecen en recuerdos

que no nos abandonan

o en nuestros sueños más vividos

son muertos muy cercanos

que deben aceptar

que una nueva vida les espera

que deben elevarse

continuar con su proceso evolutivo 

pasar a la siguiente esfera

Comprender que regresan a su esencia

al cosmos de donde 

en otro tiempo se desprendieron


Los muertos viven entre nosotros 

solo que no nos hemos dado cuenta.


DATOS DE LA POETA: Laura Nieves (Ecuador). Máster en Formación e Investigación Literaria en el Contexto Europeo. Es autora de los poemarios Animales de luz (2018), El macho de los 4 vientos (2019) y El olor de la canela (2022). Actualmente trabaja en la edición de su cuarto poemario y en un ensayo sobre simbología. Su obra ha sido traducida a varios idiomas y ha participado en encuentros literarios, festivales de poesía, conferencias y ferias del libro. Reside en Suiza, donde dirige el proyecto cultural Poetas en Suiza y el Ciclo Literario AKASHA, dedicado a fomentar el diálogo artístico entre las culturas suiza e hispánica. Recibió una mención de honor en el IV Premio Nacional de Poesía Joven Ileana Espinel Cedeño, organizado por la Casa de la Cultura Ecuatoriana y El Quirófano Ediciones.


COMENTARIO: Celebrar el 1 de noviembre nos remite inevitablemente a un profundo ejercicio de sincretismo cultural, cuyas raíces más hondas hunden su pulso en la antigua tradición céltica del Samhain. En aquel umbral en el que los pueblos antiguos sentían que el velo entre los mundos se desvanecía, la muerte no era un final aséptico ni un tabú escondido, suponía admitir que hay etapas y que morir es una más dentro de la transición en el ciclo de la vida. Esta vivencia nos conecta con una evidencia antropológica primigenia que podemos ver en la serie documental La odisea de la especie. En un momento dado se retrata magistralmente como un Homo ergaster, sobrecogido ante el cuerpo inerte de su compañera, no alcanza a comprender las lágrimas que caen por sus ojos y las siente como un peso inexplicable dentro de la cabeza. Miles de años después, podemos entender médica y racionalmente qué es la muerte, pero seguimos sin comprender del todo este mundo cruel que, cruzado por conflictos y prisas, nos arrebata violentamente a quienes dan sentido a nuestra propia existencia.

Frente a una época que pretende domesticar la sensibilidad o encerrar el luto en la rigidez, convertir un trance tan solemne y doloroso como la pérdida de un ser querido en una "fiesta" (como hacen tantas culturas al honrar a sus difuntos) supone, más bien, una radical reivindicación de la vida. Celebrar la memoria de los que ya no están no debería, sin embargo, servir para maquillar u ocultar el desgarro real de la ausencia, ni tampoco apagar la genuina alegría de seguir vivos. En este poema, la autora ecuatoriana  nos sumerge en esa frontera invisible, planteando una mirada insólita: imaginar el dolor de la pérdida no solo desde el latido de los vivos, sino asomándose a lo que supuestamente experimenta el que se marcha. Aunque la razón científica nos recuerde que la muerte es la ausencia total de vida y de conciencia (el lugar donde habitan el recuerdo, el deseo y la identidad), los versos de Laura Nieves nos permite habitar el territorio del símbolo para explorar la persistencia del afecto frente al vacío.

Esa confrontación lúcida con el final de la existencia nos devuelve una dignidad esencial que nuestra época suele esquivar. Ya lo advertía Lucio Anneo Séneca en sus Epístolas morales a Lucilio, al reflexionar sobre la libertad humana y relatar cómo algunos prisioneros preferían quitarse la vida antes que ser forzados a masacrar a otros en el anfiteatro romano, recordándonos con contundencia que «es más digno que los hombres aprendan a morir que a matar». Asumir nuestra finitud y la de los nuestros no es un ejercicio de derrota, sino un acto de lucidez soberana que rechaza la violencia del mundo y abraza la memoria con autenticidad.

Tal vez debiéramos aprender a escuchar con más calma a los muertos, preguntándonos qué nos dirán si alguna vez logramos sintonizar con su silencio. Probablemente nos enseñarían a relativizar los pequeños conflictos cotidianos, a abrazarnos más y a dejar de fabricar mezquindades que empequeñecen nuestro día a día. Nos recordarían que estamos aquí para crecer, para darnos a los demás, para ser generosos, amar y hacer sentir a quienes nos rodean que la vida merece la pena (aunque en el fondo, tal vez, contemplada con absoluta frialdad, no la merezca). Porque en este tránsito inevitable, siempre es necesario aprender a pasar al otro lado. Si lo pensamos, en el fondo, en el poema late la idea de que los muertos no saben irse. Saber despedirse también es un arte que debería aprenderse. No sabemos qué nos esperará al otro lado y el final de las relaciones con las personas que amamos nunca es fácil de gestionar, porque nadie se va del todo, como nos recuerda Laura Nieves. Sin embargo, la mejor manera de aprender a irse es tener la certeza de que hemos vivido junto al otro con pasión, con autenticidad, aprovechando cada instante y haciendo de cada momento algo eterno.

Escuchad a los muertos, a los que no están, a los que han desaparecido es más necesario que nunca: nos hablan, nos susurran o incluso nos gritan. La lectura es un modo de aprender a escucharlos. Ahora mismo, al leer el magnífico poema de Laura Nieves, nos viene a la cabeza, inevitablemente, Borges, cuando en El palacio, nos da esta lección, que bien podría suscribir Séneca: "La fecha que el acero graba en la lápida y que los libros parroquiales registran es posterior a nuestra muerte; ya estamos muertos cuando nada nos toca, ni una palabra, ni un anhelo, ni una memoria. Yo sé que no estoy muerto." ¿Y tú,  estás vivo o muerto? ¿Algo te toca, con qué palabra, desde qué deseo, con qué recuerdos?

Agradecemos el envío de Laura Nieves, llegó in extremis, pero en el momento justo. Ya forma parte de La Voz de la Poesía.



ACTIVIDADES:

  • El poema no tiene título. Inventa uno y justifica tu elección.

  • ¿Cómo describe la autora la resistencia de los ausentes a marcharse? Explica qué simbolizan imágenes como «un sueño que aloje una moneda en el párpado» o el tránsito hacia la «siguiente esfera».

  • ¿Qué estrofa o conjunto de versos te ha parecido más impactante, cuáles te parecen más tristes y cuáles más emotivos? Justifica tus respuestas.


  • Escribe un breve texto argumentativo reflexionando sobre qué preocupaciones mezquinas de tu día a día deberías empezar a dejar atrás si has aprendido con este poema algo sobre la muerte.

  • Investiga cómo se celebra este día en Ecuador y en Suiza. ¿Qué semejanzas y diferencias encuentras entre dichas celebraciones con respecto a España?

  • Lee el texto de Borges. Responde a las últimas preguntas que lanza el comentario.



De este mismo autor, también podemeos recordar el siguiente poema:


¿Qué conclusiones extraes, en relación con el poema de Laura Nieves, sobre este poema de Borges?
  • A partir de la cita de Séneca, busca información sobre el modo de abordar el estoicismo del pensador cordobés. Busca también información sobre su célebre tratado De senectute (sobre cómo transitar la vejez y la cercanía del final con dignidad). Reflexiona a partir de lo investigado para contestar a la siguiente cuestión: ¿Qué significa hoy «aprender a morir» en una sociedad que oculta la vejez, maquilla la muerte y huye del dolor?

  • En el comentario se hace alusión a una serie documental, exactamente a este capítulo:


¿Por qué crees que el ser humano, incluso antes de desarrollar una ciencia o una medicina que explique la muerte, necesitó dar un sentido simbólico al dolor por la pérdida?


  • El poema y la cita inicial de Rudolf Steiner sugieren que habitamos entre dos planos, rodeados de un «mundo etéreo» y sutil donde la presencia de los que ya no están sigue interactuando con nuestra realidad. Investiga brevemente quién fue Rudolf Steiner y en qué consiste la antroposofía. A partir de su premisa de que el ser humano vive inmerso en el aire físico como en el plano espiritual de los muertos, reflexiona: ¿De qué manera el arte, la poesía o la intuición nos permiten conectar con dimensiones de la existencia que escapan a la ciencia empírica y al cálculo materialista?

  • Os proponemos esta actividad de Creatividad Literaria.


  • Deja un comentario más abajo, si te apetece. 

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