A veces me pongo el reloj de mi padre, cuando él se lo quita.
Lo abrocho con cuidado sobre la muñeca, junto al mío, y
comparo el ritmo de sus manecillas. Por cada hora que pasa
en mi reloj, avanzan noventa minutos en el suyo. Deberías
verlo: a primera vista parecen iguales, su tiempo y el mío, pero
el de él se agota más deprisa.
Solo es hermoso el hermoso cuando alguien lo mira.
SAFO. FRAGMENTO.
DATOS DEL POETA: Natxo Vidal (Monóvar, 1978) es profesor de trombón en el Conservatorio de Música de Murcia, una formación musical que late con fuerza en el ritmo de su escritura. Con una trayectoria consolidada, es autor de poemarios fundamentales como Atrás no es ningún sitio (Accésit en el VI Premio Dionisia García, 2006), Sal en los ojos (Finalista Premios de la Crítica Valenciana, 2013), La niña que jugaba a la pelota con los dinosaurios (2013), Ícaros desorientados (2015), Mi parte de la pólvora (2018), Así termina (2020) y XL (La Fea Burguesía, 2021; Finalista Premios Nacionales de la Crítica 2022). Su penúltimo trabajo, 106 Palabras (2023), fue finalista de los Premios de la Crítica Valenciana 2024. A toda esta prolífica producción se suma en 2025 el libro que nos ocupa, Serenata de huesos, donde su poética alcanza una nueva cota de madurez y profundidad.
Más allá del verso, Vidal ha explorado la narrativa con el libro de relatos Stravinsky en el Birdland (2018), la antología Semana de Pruebas (2009) y su primera novela, Proyecto Ítaca. Colaborador habitual en revistas de prestigio como El coloquio de los perros o La Galla Ciencia, ha llevado su voz a recitales en ciudades como Madrid, Valencia, Nueva York o Cartagena, entre otras.
COMENTARIO: “Hoy mamá ha muerto”. Así, sin anestesia, arranca El extranjero de Camus. Es una frase que actúa como un hachazo: corta el hilo de la narrativa previa y nos deja a la intemperie. En la vida real, la pérdida de una madre tiene ese mismo efecto de fractura de la realidad. De repente, el relato que dábamos por sentado se rompe y nos preguntamos dónde está el origen y dónde el final si la muerte ha decidido ponerse al principio de todo. Como decía Lucian Freud, la tarea del arte es incomodar, y nada hay más incómodo y más convincente que la verdad desnuda de nuestra finitud. De eso trata el poema de esta semana.
En este poema en prosa de su libro Serenata de huesos, Natxo Vidal nos sitúa ante una imagen cargada de una ternura perturbadora: un hijo que se abrocha el reloj de su padre junto al suyo. No es un gesto de nostalgia, es un experimento ontológico. Al comparar las manecillas, descubre una verdad física aterradora: el tiempo no es igual para todos. Esa perturbación, por decirlo así, muestra y anticipa la aritmética del duelo: un diálogo en ausencia. Pero que, curiosamente, no se hace con el pasado, sino más bien con el presente, con el día a día, enseñándonos la lección más difícil: que esos muertos se quedan dentro de nosotros y que su muerte es, en parte, nuestra propia muerte y nuestra propia vida.
Cuando mueren los padres, cuando una persona se queda huérfana de manera absoluta, el sentimiento de soledad es desolador. Aunque haya un lugar al que volver, aunque estemos rodeados de hermanos, amigos y otros seres queridos, la nuda soledad aparece y se comprende con un matiz nuevo. Es la soledad de quien descubre que se ha roto la última barrera que nos separaba de la intemperie total. Mientras ellos viven, hay una mirada que nos precede, un relato que nos sostiene y que nos permite ser siempre, de algún modo, "hijos"; al desaparecer, esa categoría se evapora y nos deja ante el espejo de nuestra propia finitud, sin ese testigo incondicional que validaba nuestro origen. Esta soledad no es falta de compañía, sino una falta de pertenencia a un tiempo que ya solo existe en nosotros. Es el silencio que existe en el mundanal ruido y que antes no se percibía tan nítidamente. Un silencio sin réplica, una soledad con gente alrededor. Al vernos en esa orfandad, comprendemos que ya no necesitamos del teléfono ni de la presencia física, porque ahora ocurre en el interior de nuestra propia estructura mental, esa que se sitúa en el pecho vacío. Es una soledad que pesa, por eso parece que caemos continuamente, pero que también nos otorga una libertad extraña y dolorosa: la de ser, por fin, los únicos responsables de nuestro propio tiempo.
¿Y qué hacemos ahora con nuestro tiempo? ¿Ahora que ya somos libres y los únicos dueños de nuestra vida? La respuesta no es una liberación, sino un vínculo con la herida, con el tajo que hay afuera y adentro. Vivir, pese a todo, no significa que el dolor se disuelva o que el llanto acabe por claudicar; al contrario, las lágrimas aparecen de inmediato, con la puntualidad de un instinto, recordándonos que la orfandad es un estado permanente en la piel. Se revela ahora con una claridad despiadada lo que Nietzsche sostenía: en la alegría más alta, siempre resuenan los ecos del dolor más lacerante. No hay triunfo que no arrastre su sombra, ni risa que no guarde el peso de lo que ya no puede ser compartido.
Nuestra vida es, desde este momento, radicalmente distinta. No se trata de un cambio de rutina, sino de una transmutación de la mirada. Ya no podemos observar el mundo sin que la retina se cruce con esa herida eterna que es la pérdida de los padres. Esa cicatriz se convierte en el filtro a través del cual leemos el paso de las horas, el éxito o el fracaso: es una marca ontológica que nos impide sustraernos a la gravedad de la existencia. Caminamos con una libertad nueva, sí, pero es la libertad del náufrago que, tras perder el barco, descubre que el océano es infinito y que su única brújula es el recuerdo de una única costa a la que ya no se puede regresar. A las demás, puedes ir, a la de tu padre, a la de tu madre, nunca más.
Siento el comentario tan largo sobre el magnífico poema de Natxo Vidal, mi madre ha muerto (la literatura tiene estas cosas), me lo envió un día después de su entierro y no he podido hacer otra cosa. Gracias Natxo por el envío, ya formas parte de La Voz de la Poesía.
ACTIVIDADES:
- Inventa otro título para el poema. Justifica tu elección.
- Busca información sobre Safo. ¿Te parece acertado la cita de esta poeta? ¿Qué relación puedes establecer con el poema?
- ¿Por qué crees que Camus elige empezar su novela con la muerte de la madre sin dar ninguna explicación previa? ¿Cómo se relaciona ese comienzo sin relato con la sensación que describe el poeta de mirar dos relojes que ya no marcan lo mismo?
- En el poema, el tiempo del padre va un 50% más rápido. ¿Es una metáfora de la percepción o de la biología? ¿Sientes que, tras una pérdida importante, el tiempo se ha acelerado o, por el contrario, se ha detenido por completo?
- El reloj es un objeto que mide el tiempo pero que también sobrevive a su dueño. Si tuvieras que elegir un objeto de tu padre o de tu madre que perturbe o incomode por su carga de verdad, ¿cuál sería? Describe cómo ese objeto cuenta una historia que el lenguaje no puede alcanzar.
- Dice Freud que el arte debe "perturbar, seducir, convencer". ¿Te ha perturbado este poema de Natxo Vidal? ¿Es necesario que el arte sea doloroso para ser real, especialmente cuando estamos atravesando un duelo?
- Las demás actividades son voluntarias. La única obligatoria es, después de leer el poema y el comentario, abrazar a las personas que amas, da igual que estén cerca o a miles de kilómetros, es perentorio hacerlo. Abrázala, no digas nada, deja que los corazones se acompasen. Hazlo como si fuera una acción poética.
- Deja un comentario más abajo, si te apetece.
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