De donde vengo...


 

Entonces vuelve y háblame,
                  dónde está tu consuelo, dónde está tu refugio.
                                                                                                                                                       L. Cohen                                                                                                                                                                                                             
De donde vengo
apenas queda en pie alguna esperanza,
apenas hay un bosque de coníferas donde refugiarse,
apenas hay motivos para regresar.
Camino solo por la ciudad
igual que se recorren los largos pasillos de la infancia,
pero nada ayuda a esta necesidad de no pensar.
Que el tiempo sea un río,
un remanso, que poco a poco,
se lleve las últimas voces,
las últimas lágrimas.
Desde los vasos vacíos
me ha ofrecido su mano, su abrazo,
caricias que por pudor no voy a nombrar.
Es posible que su mundo sea la noche
pero ella sabe sostener la luz entre sus dedos de lluvia.
Sudando este reflejo,
mi piel con su piel,
he perdido el sueño,
pero de mi boca ha salido su nombre.


DATOS DEL POETAFernando Sarría Abadía (Ejea de los Caballeros, Zaragoza, 1957) es un autor cuya voz poética está profundamente marcada por su formación académica como Licenciado en Filosofía y Letras, especialidad en Historia del Arte, por la Universidad de Zaragoza. Investigador experto en la escultura del siglo XVI aragonés, ha volcado su rigor analítico en más de veinte publicaciones especializadas y ensayos como El retablo aragonés del siglo XVI. En 2023, su trayectoria fue reconocida con el prestigioso Premio Imán de la Asociación Aragonesa de Escritores.

Desde su debut con El error de las hormigas (2008), Sarría ha construido una bibliografía extensa y premiada. Entre sus títulos más significativos destacan:

  • El Alhaquín (2008): Primer accésit en el Premio de Poesía Delegación del Gobierno.

  • Babel en las manos (2011) y la reciente La lluvia azul (2024), ambos con la prestigiosa editorial Olifante.

  • Poemas de la incertidumbre (La isla de Siltolá, 2013) y la antología A plena luz (2016).

  • Pavana del silencio (2021) y Los labios rojos de ellas y otros poemas (2025), que muestran su madurez lírica.

Su trabajo ha sido incluido en numerosas antologías de referencia, como Versos sin bandera, Antología de poesía aragonesa siglo XXI y Locus amoenus. Colaborador habitual en revistas culturales de prestigio como Turia, Imán, Criaturas Saturnianas y Narrativas, entre otras.

Mantiene varios blogs:  Su bitácora principal: fernandosarria.blogspot.comCrepusculariosiglo21: Enfocado en su vertiente más reflexivaEstravagariosiglo21: Espacio de libertad y experimentaciónLaultimabalademaiakovski: Una propuesta de poética urgente e intensa.


COMENTARIOPara este blog, vamos recibiendo colaboraciones que voy archivando en un drive. Cada domingo, según cómo me haya despertado o qué me haya ocurrido, voy buscando el poema adecuado que me cuente, que me enseñe quién soy o cómo mirar el mundo alrededor. Es mi terapia, para no pagar al terapeuta o al psiquiatra. No siempre ocurre, pero a veces, los poemas se quedan esperando hasta que deciden que es su turno, con una precisión que asusta. Con el poema de esta semana, de Fernando Sarría, nos encontramos con este caso. Sus versos me han encontrado ahora para poner nombre a un estado que va más allá de la tristeza: la ausencia absoluta. No es el dolor punzante de una herida abierta, sino la sensación de abandono estructural, ese punto de no retorno donde uno se descubre caminando por una ciudad tan lejana como Porvoo, en Finalandia, como quien recorre los pasillos de una vida ya clausurada.

Esta soledad de la que habla Sarría es una soledad de intemperie. Es la comprensión de que el lugar de donde venimos ya no ofrece refugio ("apenas queda en pie alguna esperanza", cómo duelen algunos versos) y, lo que es más desolador, que ya no hay motivos para ir a ninguna parte. Se revela aquí una orfandad del espacio y del tiempo: no se trata solo de estar solo, sino de no tener a quien visitar, de haber perdido ese número de teléfono que al otro lado siempre rescataba nuestra voz. En esa desnudez total, el poeta pide que el tiempo sea un río o un remanso que se lleve las últimas voces, porque en la intemperie total, incluso el recuerdo del sonido de los que amamos puede ser un peso difícil de sostener cuando ya no hay casa a la que volver.

Vivir en esa intemperie no es habitar una negrura cerrada o un apagón. Es algo mucho más sutil y, por tanto, más devastador. Se trata de una neblina espesa y persistente que se adhiere a la piel y lo envuelve todo, transformando la realidad en un escenario desdibujado. Y es que mientras el mundo exterior sigue girando con sus colores estridentes y su ruido cotidiano, tú te desplazas por un espacio donde los contornos se han borrado. El resto de la gente, maravillosa incluso, camina a plena luz, ríe y planifica, cruzando esa misma calle sin percibir que, justo a su lado, hay alguien que respira un aire distinto, un aire cargado de una humedad gris que entumece los sentidos.

Ese aislamiento es la forma más radical de la intemperie. No es una soledad que se pueda explicar con palabras sencillas, porque no nace de la falta de personas alrededor, sino de la falta de nitidez. Es el dolor de saber que esa bruma es solo tuya, porque en realidad, no existe fuera de ti. El mundo se vuelve un lugar de cristal esmerilado donde escuchas las voces de los otros como si vinieran de otra habitación, de otra vida. Y lo que te cuentan, te entusiasma, te ayuda y te hace sonreír e incluso reír a carcajadas. Pero esa neblina, el gesto de querer asirse a algo que ya no existe, impone sus reglas al quedarte a solas de nuevo. 

Sin embargo, sería injusto no hablar de luz y esperanza, porque el poema también las nombra. Esa esperanza se manifiesta cuando el poeta nos dice que, a pesar de que el mundo pueda ser la noche, existe alguien capaz de sostener la luz entre "dedos de lluvia". Fernando Sarría cierra el poema con una imagen de una potencia redentora absoluta: el sueño se ha perdido, sí, la vigilia de la soledad sigue ahí, pero de la boca ha salido un nombre. Ese nombre es el amuleto contra el abandono, la palabra que nos rescata de la intemperie y nos devuelve un lugar al que pertenecer, aunque sea solo en el espacio que ocupa un suspiro. Es el nombre que pronunciamos cuando las luces se apagan e intentamos dormir. Algunos rezan, otros meditan, otros dicen ese nombre que te salva de la oscuridad, paradójicamente.
¿Y tú, qué nombre dices, como una letanía, para dormirte? (El que digas, ahí es. Ahí está tu casa).

Agradecemos la paciencia y la espera de Fernando Sarría con nuestro blog, ya forma parte de La Voz de la Poesía.


ACTIVIDADES

  • El poema no tiene título. Inventa uno y justifica tu elección.

  • Antes del poema aparecen estos versos de Cohen: "Entonces vuelve y háblame, / dónde está tu consuelo, dónde está tu refugio". ¿Cómo responde el poema de Fernando Sarría a estas preguntas? ¿En qué elementos del poema (objetos, personas o acciones) intenta el autor encontrar ese "refugio"?

  • El poema describe un origen donde "apenas queda en pie alguna esperanza". ¿Cómo se describe el lugar de donde viene el poeta?
  • El autor pide que el tiempo sea un "río" o un "remanso". Según el poema, ¿cuál es la función de ese río? ¿Qué debe llevarse consigo?

  • Fernando Sarria es experto en Historia del Arte y Escultura. Observa cómo describe el contacto físico: "mi piel con su piel", "dedos de lluvia", "caricias que por pudor no voy a nombrar". ¿Crees que su formación influye en cómo describe los cuerpos y las texturas en el poema? Justifica tu respuesta.
  • El poeta mantiene varios blogs, como hemos visto más arriba. Analiza los nombres de los blogs: Crepusculario, Estravagario, La última bala de Maiakovski. Si tuvieras que clasificar el poema que acabamos de leer en uno de esos tres blogs específicos, ¿en cuál lo publicarías y por qué?
  • Encuentra una entrada donde Fernando combine un texto propio con una imagen (pintura o escultura). Explica cómo la imagen potencia el significado del poema.

  • ¿Qué significa esmerilado? Construye algunas frases (poéticas) con ese concepto.
  • El comentario lanza una pregunta final: ¿Y tú, qué nombre dices como una letanía para dormirte? Escribe un texto breve (prosa o verso) que empiece con esa frase: "Este nombre es mi casa...". Intenta describir no a la persona, sino la sensación de refugio que te produce recordarla en mitad de la niebla.
  • Deja un comentario al final del blog, si te apetece.

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