LA CORUÑA, NOVIEMBRE DEL 50




Si los padres volvieran a la vida,
y, entre el montón de fotos de anticuario,
encontrasen los rostros de sus hijos,
y viesen a personas que los tocan
y que ríen del miedo avejentado
con que miran los niños a la cámara,
¿qué pensarían?, ¿para esto sufrieron 
partos, desvelos, trabajo y dolor?

Pulcramente vestidos con la ropa 
que su madre les puso aquel domingo,
quizás los cinco hermanos se pregunten
quién entregó un recuerdo de familia
al público escrutinio de los otros.

¿Fue uno de ellos? ¿O fueron los parientes
citados al reverso de la estampa:
"A mis queridos tíos con cariño.
La Coruña, noviembre del 50"?
¿Qué razones había para ultrajar
la intimidad de los seres que quisimos?

Desde el pasado, cinco hermanos miran
al extraño que airea sus secretos
en la asepsia presente del poema,
y no pueden saber ni quién ni dónde
ni cuánto ni por cuánto ni por qué.


DATOS DEL POETA: Pablo Macías Partida (Arcos de la Frontera, Cádiz, 1979) es licenciado en Filología Hispánica y posee el título de Máster en Estudios Lingüísticos, Literarios y Culturales por la Universidad de Sevilla. Su vertiente como investigador se ha centrado en el análisis de la poesía contemporánea, destacando su capacidad para desgranar la sencillez aparente de autores fundamentales de la lírica actual, por ejemplo en Otra manera de decirlo. La poesía de Karmelo C. Iribarren (Sevilla, 2017), un estudio esencial para comprender la poética de Iribarren. Su producción abarca tanto la creación poética como la crítica literaria. Autor del poemario Desde dónde, hacia cuándo (Editorial Renacimiento, 2020), sus poemas han sido incluidos en diversas publicaciones colectivas, consolidando su presencia en el panorama literario del sur de España.

Desde el año 2017, es una figura clave en la organización de las Lecturas Poéticas en Arcos, un ciclo de referencia en su localidad natal que ha llevado a autores de primer nivel a la Sierra de Cádiz Es colaborador habitual en revistas especializadas y foros literarios, donde ejerce una labor de puente entre la tradición lírica y las nuevas sensibilidades.

COMENTARIO: Tenemos, gracias a Pablo Macías, la foto que origina el poema elegido para esta semana.


En 2026, hacerse una foto es un acto tan trivial y cotidiano como comer. Sin embargo, para entender el poema de Pablo Macías de esta semana, debemos desprendernos de nuestra tecnología y viajar a la España de principios de los años 50. Imaginad un país donde "los años del hambre" (ese periodo atroz que siguió a la Guerra Civil y que se extendió hasta la supresión de las cartillas de racionamiento en abril de 1952) eran la única realidad conocida para la mayor parte de la población. Para esas familias marcadas por la miseria y el desabastecimiento, el hecho de vestirse pulcramente y acudir a un estudio para hacerse una foto era algo estrictamente extraordinario

Ese carácter extraordinario es lo que dota a la imagen que nos ocupa de una solemnidad estremecedora. La fotografía, origen de este poema, nos muestra a cinco hermanos que miran a la cámara con esa mezcla de pudor y miedo avejentado que solo conocen quienes han aprendido demasiado pronto las reglas de un mundo gris y muy duro. No hay sonrisas forzadas de selfie, hay una seriedad litúrgica. El poema, con una asepsia que asusta, nos sitúa ante un desahucio emocional, pero también ante un espejo: ¿no reconocemos esa foto?, ¿no hay una foto parecida en cada casa?, ¿no son esos niños nuestros padres, nuestros abuelos, nosotros mismos? ¿No estamos en esta foto mis hermanos y yo?

En el famoso inicio de Ana Karénina, León Tolstói escribe: «Todas las familias felices se parecen unas a otras, pero cada familia infeliz lo es a su manera». Puede ser que Tolstói tenga razón, pero esa foto son todas las fotos de familia. Porque, al final, el tiempo es el gran igualador que termina por convertir la felicidad o la desolación en un objeto mudo dentro de una caja de cartón. La tristeza que emana del poema nace de comprobar cómo la vida se deshilacha. Esas cinco criaturas, que una vez fueron el centro de los desvelos de una madre, hoy son miradas por extraños que no saben sus nombres, que no conocen el sabor de su risa ni el peso de sus lágrimas. Hay una desolación profunda en el hecho de que una foto sin dueño refleje nuestras propias pérdidas. El poema intuye la certeza de que nuestras casas también serán vaciadas, de que nuestros números de teléfono serán borrados y de que, un día, alguien podría mirar nuestra foto y preguntarse «¿quiénes eran?». Es el desahucio definitivo: cuando ya no queda nadie vivo que pueda ponerle voz a nuestra imagen, el silencio se vuelve absoluto.

Sin embargo, el poema de Pablo Macías Partida hace algo valiente: nos obliga a mirar. La poesía se convierte así en el último refugio frente al olvido: si el tiempo nos despoja de todo, la palabra escrita es el hilo que impide que esos cinco hermanos terminen de disolverse en la nada. Mirémoslos de nuevo. Reconócete en ellos. Eres, de alguna manera, uno de esos niños. Leer el poema los mantiene vivos, o mejor aún, leer el poema nos mantiene vivos a nosotros... Aunque lo hagamos desgarrados y sin poder dar respuesta a las preguntas que nos lanza el autor al final. 

Pero hay una certeza que sí debemos sostener: no podemos permitir que el contexto de esa foto se repita. En un tiempo donde algunos agitan el odio y el miedo para ganar votos, nuestra responsabilidad es no permitir que la sociedad vuelva a ser ese lugar gris y asfixiante donde el miedo se hereda. No podemos volver a esos años, volver a sentir miedo por el odio contra el inmigrante, contra el distinto o contra aquel que simplemente busca un lugar donde no tener hambre. La verdadera memoria no es solo recordar el dolor pasado, sino reconocer el dolor ajeno como propio. En esa empatía, en esa mirada que es encuentro, es donde realmente empieza nuestra casa y nuestra historia común. 

Agradecemos a Pablo Macías Partida su paciencia y generosidad con nuestro blog. ya forma parte de La voz de la poesía.



ACTIVIDADES:

  • Imagina otro título para el poema. Justifica tu elección.

  • Busca en internet imágenes de la Coruña en los años 50, o en Marchena o del lugar de España que más te interese, o testimonios sobre cómo era la vida con las cartillas de racionamiento. ¿Por qué el poema recalca que los niños van "pulcramente vestidos"? ¿Qué nos dice eso de la dignidad de las familias de la época?

  • Observa atentamente la fotografía compartida por Pablo Macías. ¿En cuál de los cinco niños notas más ese miedo avejentado que describe el poema? ¿Por qué crees que un niño de esa época podía tenerle miedo a una cámara?

  • Busca una fotografía antigua de tu propia familia. ¿Ves en ella ese mismo miedo avejentado o esa seriedad litúrgica? ¿Qué historias de supervivencia te han contado sobre ella?

  • En las RRSS estamos constantemente dejando nuestros recuerdos ante personas que no nos conocen de nada ¿Crees que tenemos derecho a poseer los recuerdos de personas que no conocemos?

  • La dedicatoria dice: "A mis queridos tíos con cariño. La Coruña, noviembre del 50". Imagina que eres uno de esos tíos y acabas de recibir la foto por correo en 1950. Escribe una breve carta de respuesta agradeciendo el detalle y describiendo qué sentiste al ver a tus sobrinos tan "pulcramente vestidos".

  • ¿Crees que el poeta hace bien al airear los secretos de esta familia para escribir un poema, o está participando en el ultraje que él mismo denuncia? ¿Puede la poesía salvar a alguien del olvido?

  • El comentario final advierte sobre quienes agitan el odio y el miedo para ganar votos. ¿Cómo crees que la memoria de lo que sufrieron estos niños en los años 50 nos puede ayudar a construir una sociedad más justa y libre hoy en día? ¿Puede un poema ser un acto político de resistencia?

  • España fue, durante décadas, un país de emigrantes que buscaron refugio y pan en otras tierras. Siendo conscientes de nuestro pasado, ¿cómo debería influir nuestra propia historia  en la forma en que hoy legislamos y recibimos a quienes llegan buscando una oportunidad? ¿Es la acogida una deuda ética con nuestra propia memoria?

  • ¿Crees que la falta de memoria histórica es lo que permite que resurjan hoy prejuicios que creíamos superados? ¿Cómo podemos usar la educación y la poesía para vacunar a la sociedad contra la intolerancia?

  • Deja un comentario más abajo si te apetece. 

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