CANCIÓN DE APRENDIZAJE
Tu muerte abrió las manos
y tomó de la tierra
un puñado de barro.
Y me secó las lágrimas
ungiéndome los párpados.
Me limpié en una fuente
y todo me era extraño:
me veía por dentro
y todo era más claro.
Este mirar distinto
todo
me lo ha cambiado.
Te escucho ahora, padre,
con atención, con calma.
Has tenido que hacer
de la tierra tu casa
para que entienda bien
tu constante enseñanza
Es durísimo perder a un padre cuando eres joven y estás empezando a vivir. De repente, el mundo se vuelve un lugar extraño y hostil. Te sientes perdido, como si te hubieran soltado el cabo que te mantenía unido a la realidad. Sin esa figura que representaba tu origen, aparece una soledad que pesa en el pecho. Te das cuenta de que las preguntas importantes de tu madurez ya no tendrán a quién ir dirigidas. En esa niebla, tu identidad tiembla: sin el espejo del padre donde mirarte, la vida parece un laberinto donde solo escuchas el eco de tu propia voz en mitad del silencio.
En clase siempre os hablo de las situaciones límite de los existencialistas: esos momentos donde la lógica no sirve de nada y te sientes frágil. Es el grito de Job en la Biblia cuando se siente abandonado en la nada. La muerte de los que queremos parece un sinsentido que nos arroja a un vacío frío, donde las palabras suenan huecas y parece que tras el último aliento solo queda el olvido. Pero, incluso en mitad de ese desastre, hay que buscar un resquicio de luz para seguir caminando. Necesitamos responder a una pregunta difícil pero necesaria: ¿Para qué sirve la muerte? ¿Qué lección nos deja?
Responder a esto implica entender que el final de una vida puede ser, curiosamente, el principio de una claridad que antes no teníamos. La ausencia deja un hueco eterno, sí, pero también nos regala una lección de humildad para curar nuestra ceguera. Es como si ese adiós nos obligara a mirar el mundo de forma auténtica por primera vez. Nos empuja a un viaje interior donde las prioridades se ordenan solas. Manuel Pacheco nos lo recuerda en su poema: la muerte nos enseña a valorar lo que antes dábamos por sentado.
Ese cambio de mirada nos lleva de cabeza al presente, al aquí y ahora. Al entender que no somos eternos, el momento actual deja de ser una frase hecha para convertirse en nuestro único hogar. Ya no se trata de buscar una felicidad de anuncio, sino de ser mejores personas. El mundo recupera una belleza que antes no veíamos porque estábamos distraídos con cosas superfluas. Esta mirada nos exige ser más justos con los demás y más honestos con nosotros mismos. La verdadera justicia es reconocer que somos frágiles y vivir de acuerdo con eso. Se trata de transformar el dolor en dignidad. Ojalá pudierais asimilar esta canción de aprendizaje. Si lo lograrais, yo me sentiría un auténtico maestro y no solo un profesor de Filosofía que viene a dar una clase cualquiera.
Para cerrar este comentario, es imposible ignorar el mundo que nos rodea. En el marco del Día de la Paz y la No Violencia, que celebramos este viernes 30 de enero, el poema de Pacheco cobra una urgencia dolorosa. Hoy, muchos hijos pierden a sus padres no por el ciclo natural de la vida, sino por la violencia absurda de las guerras o por tragedias evitables. Pienso en casos como el de Pretti, el enfermero de 37 años que murió hace apenas unos días en Mineápolis tras los disparos de un agente federal. Cuando la muerte es violenta e injusta, esa mirada de la juventud se vuelve mucho más difícil, pero también más necesario. La paz tiene que ser el compromiso de toda la Comunidad Educativa para que ningún niño pequeño, ningún adolescente, tenga que aprender a través del trauma de la injusticia. Educar en la no violencia es, en el fondo, luchar para que la única enseñanza, aunque haya dolor y muerte, sea la de la vida y nunca la de una despedida prematura en manos del odio o la intolerancia. Eso nunca.
Agradecemos a Manuel Pacheco su envío. Ya forma parte de La voz de la Poesía.
- Inventa un título para el poema y justifica tu elección. (Por ejemplo: La última lección, Ojos de barro, etc.).
- Normalmente el barro se asocia con algo sucio. ¿Por qué crees que en el poema sirve para secar las lágrimas?
- Pacheco nos dice: me veía por dentro / y todo era más claro. Resulta contradictorio que el contacto con el barro y la tierra nos permita ver mejor. ¿Qué crees que significa "verse por dentro"? ¿Por qué es necesario a veces que nos pase algo triste para que empecemos a reflexionar sobre quiénes somos realmente.
- Sobre el Libro de Job, Cristobal de Morales (que en Marchena tiene una calle, en el barrio de San Juan) compuso una obra memorable. Os la dejamos por aquí:
- El poeta dice que ahora escucha a su padre con más atención que cuando estaba vivo. ¿Crees que a veces valoramos más los consejos de las personas cuando ya no están? ¿Por qué nos cuesta tanto escuchar con calma en el día a día?
- La filosofía existencialista nos habla de momentos de ruptura donde la lógica deja de servir. ¿Crees que es necesario enfrentarse a una pérdida para empezar a ver el mundo sin filtros? ¿Qué respuestas lógicas crees que se rompen cuando perdemos a un padre o a una madre?
- En nuestras clases solemos aprender datos, fechas y teorías; es un ejercicio de memoria y lógica. Sin embargo, Manuel Pacheco nos invita a algo mucho más profundo. Aprender es saber que algo existe; aprehender es agarrarlo, hacerlo tuyo, dejar que te atraviese y te transforme por dentro. ¿Has sentido alguna vez que una experiencia, o en una clase, o un poema no solo te ha dado información, sino que se ha quedado a vivir en ti? Comparte con los demás tu experiencia vital.
- Escribe un pequeño texto de 5 líneas dirigido a alguien que te haya enseñado algo importante (un familiar, un amigo, un profesor). Cuéntale qué enseñanza constante de las suyas has entendido mejor con el paso del tiempo.
- A menudo pensamos que las grandes preguntas solo las responden los filósofos en libros antiguos, pero hoy el filósofo eres tú. Te invitamos a escribir un texto breve pero valiente (tres párrafos) que sea una brújula para tu propia vida. Usa la pregunta que ha guiado todo nuestro comentario: ¿Para qué sirve la muerte? ¿Qué nos enseña sobre la urgencia de vivir?
- Hay poemas, versos que se clavan en la memoria para siempre (también ocurre con algunos lugares, con algunas personas, con algún abrazo). A mí me ocurre con este Remordimiento de José Hierro (escúchalo en su propia voz, aquí). ¿Qué relación y qué diferencia hay entre el poema de Hierro y el de Pacheco? ¿Cuál te parece más duro? ¿Qué enseñan ambos?
- ¿Qué diferencia hay para ti entre un profesor que transmite datos y un maestro que te ayuda a asimilar las lecciones de la vida? ¿Puede un poema ser una herramienta pedagógica más potente que un manual de texto?
- Deja un comentario más abajo, si te apetece.

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