IMAGINA QUE LLUEVEN CUCHILLAS
DATOS DE LA POETA: Mónica Picorel es una poeta española nacida en Bilbao en 1970 y afincada en Barcelona desde el año 2000. Ha publicado los libros de poemas Fui un árbol en un balcón minúsculo (Baile del sol 2025) Vida secreta de nuestros animales (Baile del sol 2023), Las otras geografías (Talón de Aquiles, 2020) y es coautora junto con el poeta Misael Ruiz de Interacciones (Eragin 2025). Sus poemas forman parte de diversas antologías y han sido recogidos en numerosas revistas de literatura: Periódico de poesía de la UNAM, Casapaís, Vallejo&co, revista Mule, Culturamas, Mecanismos, revista 142, Caravansari… Tiene en su haber diferentes premios y menciones. Algunos de sus poemas están recogidos en la fonoteca española de poesía. Es habitual en encuentros y festivales poéticos. Fue poeta invitada en la feria del libro de Caracas del 2022 y 2023.
COMENTARIO: Habitar el presente se ha convertido en un ejercicio de equilibrismo sobre un abismo que no deja de ensancharse. Existe una forma de desamparo que no tiene que ver con la falta de techo, sino con la intemperie interior: esa sensación punzante de que el suelo que pisamos se cuartea y de que las estructuras que antes nos daban seguridad (la paz, el futuro, los derechos humanos) se desintegran frente a nuestros ojos. Es una desprotección absoluta, un frío que cala cuando comprendemos que las manos que deberían sostenernos están igual de vacías que las nuestras. En este escenario de ruina inminente, donde la violencia del mundo exterior se filtra por las grietas de nuestra intimidad, el individuo queda reducido a una sombra que busca desesperadamente un rastro de humanidad. Nos movemos en un espacio donde el reconocimiento del otro parece haberse borrado, dejándonos en una soledad tan honda, que incluso el contacto más cercano resulta incapaz de salvar la distancia que nos separa de la realidad. Es la dureza de sentirse invisible en un tiempo que ha olvidado cómo cuidarnos.
En esta deriva, son los adolescentes quienes se enfrentan al riesgo más severo, pues están intentando edificar su identidad sobre un terreno que se hunde. Quienes hoy se forman, lo hacen viendo cómo los pilares que sostenían nuestra convivencia se desploman uno tras otro, dejando un vacío donde antes había certezas. Asisten a la instauración de una realidad donde la concordia ha sido sustituida por la ley del más fuerte y donde el horizonte de seguridad que prometía el mañana se ha transformado en una incertidumbre asfixiante. Los referentes que debían servirles de brújula desaparecen, y el respeto sagrado a los derechos fundamentales es pisoteado por intereses que ignoran cualquier rastro de ética. Estos jóvenes, privados de modelos sólidos y de una red de protección moral, se convierten en víctimas mucho más vulnerables que las generaciones que levantaron este sistema. Sin una herencia de valores que los proteja, caminan desarmados por un mundo que parece haber renunciado a proteger su futuro, obligándoles a crecer en una intemperie social y humana sin precedentes.
Ante este panorama, cabe preguntarse: ¿Qué podemos hacer? La apuesta por la poesía, por el amor, como en el poema de Picorel, pueden ser una salida. Pero ¿es posible apostar por la poesía y el amor en un tiempo que parece despreciarlos? La respuesta debe ser un sí rotundo, no por ingenuidad, sino por pura supervivencia. Precisamente cuando el odio se profesionaliza y la indiferencia se convierte en norma, el gesto poético y el vínculo con los otros, con la persona amada, dejan de ser adornos para transformarse en actos de resistencia política y humana. Apostar por la palabra es negarse a ser mudos ante la injusticia; apostar por el amor es negarse a ser piezas de una maquinaria que solo entiende de fuerza. Quizás la poesía no pueda detener un misil ni cambiar una ley económica, pero tiene el poder de devolvernos la capacidad de imaginar al otro, de rescatar la dignidad de los que sufren y de ofrecer a esos jóvenes un lenguaje donde el dolor se comparte y, al compartirse, se mitiga. Da igual que estemos en el lugar equivocado, lo importante es que algo cambie y nos devuelva la esperanza en la palabra y en el amor auténtico. Es posible, por tanto, y urgente reclamar ambas cosas, porque si renunciamos a la belleza y al amor, habremos entregado el mundo definitivamente a quienes solo saben romperlo.
Hay en el magnífico poema de Picorel una situación contradictoria. Al leerlo, la dureza, la tristeza e incluso el desánimo parecen imponer sus leyes, dejándonos huérfanos de esperanza ante un mundo que se rompe. Y, sin embargo, en sus versos finales late la posibilidad de redimirnos; surge una brizna de resistencia. Esta capacidad de resistencia me recuerda un episodio crucial de la Odisea: Ulises regresa a Ítaca exhausto, vencido y cubierto de andrajos. Al recordar a sus amigos muertos y verse derrotado por el destino, está a punto de rendirse, sin fuerzas para seguir. Es entonces cuando, en un impulso de amor propio y dignidad, la diosa Atenea le susurra al oído un mandato que lo salva: “Aguanta, corazón”. Solo esas dos palabras bastan para que el héroe se ponga en pie y recupere su destino. Quizás nuestra labor hoy, ante el horror que intentamos defoliar, sea la misma: susurrarle al corazón de nuestros jóvenes, y al propio, que aguanten, que no se rindan. Porque si el amor y la palabra (nuestras divinidades particulares) están de nuestro lado, incluso el regreso a la Ítaca más devastada se vuelve posible.
Damos las gracias a Mónica Picorel por este magnífico poema con el que ya forma parte de LA VOZ DE LA POESÍA.
ACTIVIDADES:
- Inventa otro título posible para el poema de Mónica Picorel. Justifica tu elección.
- ¿Qué significa para ti "defoliar el horror"? Pon un ejemplo de algo que te dé miedo o te parezca injusto y explica cómo podrías "quitarle las hojas" para que deje de asustarte.
- La poeta dice que a veces tocamos a alguien y "la distancia permanece exacta". Si lo pensamos desde el ámbito digital, ¿crees que las redes sociales nos acercan de verdad o mantienen esa distancia exacta de la que habla el poema?
- El poema menciona que, en medio del estertor (la agonía), algo empieza a "respirar distinto". ¿Qué crees que simboliza ese cambio de respiración? En un mundo lleno de noticias negativas y violencia, ¿qué actividades, gestos o personas te ayudan a ti a "respirar distinto" y recuperar la calma?
- La autora dice: que no somos / porque nadie nos ha imaginado. Y claro, nos acordamos del famoso poema de Ángel González:
¿Crees que existimos de verdad si nadie nos presta atención o nos cuida?
- En el comentario del blog decimos que vuestra generación vive en una intemperie social porque están cayendo los referentes (paz, futuro, derechos). ¿Cuáles son vuestros referentes actuales? ¿En quién o en qué confiáis cuando el mundo parece romperse?
- Vamos a practicar una técnica que se puede extraer de Picorel. Elige una palabra que represente algo terrible del mundo actual (alguna guerra, bullying, soledad, injusticia). Escribe una lista de 5 hojas (aspectos) que alimentan esa palabra y luego escribe un pequeño texto donde las vayas arrancando una a una hasta dejar la palabra desnuda y sin poder.
- Lee el poema Ítaca de Kavafis en nuestro blog, aquí. ¿Cómo puede aguantar el corazón cuando el viaje se vuelve tan difícil?
- Imagina que eres Ulises (o Penélope) y estás frente a una situación límite de las que hablamos más arriba y en clase (un fracaso, una pérdida, una injusticia). Escribe un breve diálogo entre tu parte que quiere rendirse y tu propia Atenea interior que te pide: Aguanta corazón.
- El poema dice "que no tengo un nombre para darte". A veces las emociones más fuertes no tienen nombre en el diccionario. Inventa una palabra nueva para designar ese sentimiento de "esperanza que surge cuando todo parece ir mal" y escribe una definición poética de ella. También puedes intentar crear Barbarismos.
- También puedes hacer esto:
- Deja un comentario más abajo, si te apetece.
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