OTOMANA



Tocada por el filo de la vida
interrumpo el curso del azar.
Soy hija de esta fábula.

Patria le dicen.
¿Destino?

Aprendo a corregir sabores,
a buscar pozos de agua,
a inventar refugios de ave
migratoria.

Desde mi ventana,
la oración,
el regateo ,
el curso de los días,
en direcciones opuestas,
prueban mi mundo.

Desordeno genealogías,
miro de lejos los muros del palacio,
el resplandor del imperio,
su voluptuosidad.

De la calle llegan voces,
olor a pan recién cocido,
pasos que conjuran mi derrota.

Vuelvo hacia el espejo.
Sigo siendo la memoriosa,
la que olvida.



DATOS DE LA POETA: Alejandra Boero (1968, Rafaela, Pcia. de Santa Fe, Argentina). Profesora de Lengua, Literatura y Comunicación Social; poeta; gestora cultural; editora de «Gilgamesh: poesía y poéticas»; colaboradora en revistas «Cine y Literatura» (Santiago de Chile, Chile), «eXtramuros» (Montevideo, Uruguay), «La Primera Vértebra» (Lima, Perú); en «Ciclo de Poesía» organizados poe E.R.A (Escritores Rafaelanos Agrupados, 2017/2018), en el «Festival de Literatura de Rafaela» (2018/2019) y en encuentros del Centro de Artistas de Rafaela (2024). Libros inéditos: «Desarmadero», «Otomana», «Saudade».


COMENTARIOA menudo aceptamos nuestra existencia como un guion ya escrito, una sucesión de hechos que el azar ha preparado para nosotros sin pedirnos permiso. Sin embargo, la madurez intelectual comienza en el preciso instante en que decidimos frenar esa inercia y reclamar nuestro derecho a decidir. No somos simplemente el resultado de una herencia o de un lugar en el mapa; somos, fundamentalmente, la respuesta que damos a esas condiciones. Esta perspectiva nos conecta con la idea de que la vida es una tarea que se nos da por hacer, una construcción constante donde lo que heredamos es solo el escenario, pero nosotros somos los encargados de dirigir la obra. Al cuestionar los relatos que nos vienen impuestos (ya sea la idea de nación, de familia o de un camino trazado de antemano), empezamos a entender que nuestra verdadera esencia no reside en lo que nos dijeron que seríamos, sino en la capacidad de moldear nuestra propia realidad y buscar nuestros propios medios de supervivencia, nuestra propia y genuina identidad. Estamos determinados, sí, pero algo podemos hacer.

Frente a las grandes estructuras que pretenden definirnos (ya sean los relatos de poder: hay que comulgar con el capitalismo, porque no hay otra opción; las herencias familiares: eres igualito que tu padre o a tu madre, etc.), la verdadera autonomía se conquista desde lo más íntimo. A veces, nos sentimos abrumados por la necesidad de encajar en una genealogía perfecta o en las expectativas de una sociedad que valora el triunfo y el fracaso de manera maniquea (tanto tienes, tanto vales), basada en prejuicios. Sin embargo, existe una libertad profunda en decidir alejarse de esos lugares, tópicos mentales, para prestar atención a lo que sucede a ras de suelo. Al desmarcarnos de las imposiciones del pasado, dejamos de ser víctimas de una derrota colectiva y empezamos a reconocer que nuestra valía no depende de un linaje, sino de la capacidad de crear nuevos espacios, aunque sean lugares extraños ya, incluso para los que nos rodean. En este sentido, siempre me acuerdo de estos versos de Marta Martínez Carro, que mi alumnado me habrá oído en más de una ocasión: Del país que yo vengo, el raro eres tú.

El acto final de reconocimiento ocurre frente al propio reflejo, donde descubrimos que la identidad no es una fotografía estática, sino un equilibrio delicado y constante. No somos un bloque de mármol inalterable; somos un proceso de selección. Para avanzar y construirnos, es tan fundamental la capacidad de conservar lo que nos otorga sentido como la valentía de permitir que ciertas sombras se desvanezcan. El olvido deberái ser una herramienta de libertad que nos permite soltar los lastres de los antepasados o las derrotas que ya no nos pertenecen. Por eso hay poemas que nos marcan de forma indeleble: porque aciertan plenamente en lo que necesitamos escuchar de otros para poner nombre a lo que sentimos por dentro. Alejandra Boero nos regala este poema para entender que, aunque no elegimos dónde nacer, siempre conservamos la soberanía de decidir qué recordar, qué olvidar y, sobre todo, quiénes queremos ser cada vez que nos miramos al espejo. 

Más allá de las fronteras geográficas o las herencias de sangre, en cada uno de nosotros late la urgencia de encontrar un lugar donde no necesite explicarse: un lugar en el mundo. Sin embargo, este destino que nos acoge y nos abraza no siempre se encuentra en un mapa físico o en una estructura de hormigón. Puede ocurrir que nuestra verdadera patria sea un no lugar construido de materia intangible: se edifica en el refugio de una mirada que nos reconoce sin juzgarnos, en el silencio compartido de una amistad verdadera o en la calidez de un abrazo que parece detener el curso del azar, lugares propicios para el amor, que diría Ángel González. Estos espacios invisibles son los únicos que realmente nos entienden y nos protegen de la intemperie del mundo. 

Al final, buscar nuestro sitio en la vida no consiste tanto en alcanzar una meta externa, sino en aprender a habitar esos instantes de complicidad donde, por fin, nos sentimos a salvo, demostrando que el único territorio que realmente merece ser conquistado es aquel que nace de la ternura y la comprensión mutua.

Agradecemos la paciencia y la generosidad de Alejandra Boero con nuestro blog. Ya forma parte de La Voz de la Poesía.


ACTIVIDADES:

  • Explica el sentido del título, según tu criterio.


  • Imagina otro título para el poema. Justifica tu elección.


  • Investiga la frase de Ortega y Gasset: "Yo soy yo y mi circunstancia". ¿Qué elementos de tu propia circunstancia (lugar de nacimiento, época, familia) sientes que te han influido más? ¿Cuáles crees que podrías salvar o cambiar para construir tu propia identidad?


  • En el poema se habla de aprender a corregir sabores y buscar pozos de agua. Si tu vida fuera una receta que heredaste, ¿qué ingrediente decidirías quitar o añadir hoy mismo para que te gustara más?


  • La poeta se define como un ave migratoria que inventa refugios. En un mundo tan cambiante (redes sociales, mudanzas, cambios de amistades), ¿cuáles son tus refugios personales?


  • El final del poema se cierra magistralmente: Vuelvo hacia el espejo./ Sigo siendo la memoriosa,/ la que olvida. ¿Qué no olvidarás nunca? ¿Qué quisieras olvidar para siempre?


  • ¿Alguna vez has leído una frase, una letra de canción o un poema y has sentido que "te conocía" mejor que tú mismo? Comparte ese fragmento con la clase y explica qué parte de tu interior te ayudó a entender. 

  • El poema me ha transportado a un relato de J.L. Borges, El castillo. Busca ese texto. ¿Qué relación puede tener el poema de Alejandra Boero con la de su compatriota argentino?


  • Imagina que tienes el poder de elegir tus propios "antepasados espirituales" (artistas, científicos, personajes históricos o de ficción). ¿A quién pondrías en tu árbol genealógico personal para que definiera quién eres mejor que tu ADN o tu lugar de nacimiento?

  • Deja un comentario más abajo si te apetece.


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