DATOS DE LA POETA: Lola Andrés (Valencia, 1961) es licenciada en Filología por la Universidad de Valencia. Entre otros, ha publicado los siguientes libros de poemas: Moléculas y astros (Diputación de Soria, 2003; XVIII Premio Gerardo Diego de Poesía 2002), Jocs de llum (Bromera, 2006; Premio Alfons el Magnànim de Poesía en Valenciano 2006), Materia (Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, 2007), Cielo líquido (Amargord, 2016), Travesía (Ediciones Contrabando, 2021; tercera edición junto al pintor Pere Salinas,), de Uno (Ediciones Contrabando, 2022), Llámala (Dilema, 2024) y las plaquettes Pendiente del aire (junto a Eva Hiernaux), Poemes (catálogo y exposición «Angles del buit», Centro del Carmen de Valencia, junto a las pintoras Carolina Ferrer y Encarna Sepúlveda), cómo/sucede, Brecha, y Ho(yo) de hueso. Ha traducido del catalán al castellano a poetas como Joan Navarro, Teresa Pascual, Jaume Pérez Montaner, Begonya Pozo o Josep Checa. Es coautora, junto a Anacleto Ferrer de las traducciones del alemán al catalán de Poemes (Edicions del Buc, 2018), de Hannah Arendt, y de Màtria (Vincle Editorial, 2023), de Rose Ausländer Sus poemas han aparecido en diferentes publicaciones nacionales e internacionales y están incluidos en diversas antologías. Ha formado parte de proyectos interdisciplinarios (poesía, música, danza y pintura). Actualmente dirige la colección Marte Poesía, de Ediciones Contrabando.
COMENTARIO: No siempre hay que entender un poema al 100%. Un poema es una estructura, una manera peculiar en la que se puebla un espacio en blanco, un desierto, una nada. La manera determinada de disponer los espacios, está pensada hasta el último detalle para que forma y contenido converjan o dialoguen o provoquen en el lector-espectador un cortocircuito. ¿Por qué esos espacios, por qué esa decisión de cortar los versos? El sentido cambia desde esta perspectiva porque la extrañeza, la cesura, la ruptura no es solo lo que se nombra en el poema, también es lo que se elude, lo que no está directamente dicho.
En este poema, la disposición visual no es un capricho, sino la evidencia de esa conciencia del lenguaje que Lola Andrés sitúa en el centro de su poética. Cada verso cortado, cada silencio horizontal (el espacio en blanco), no solo impone un ritmo de lectura, sino que simula la fisura mental de la voz que intenta asir una idea. La estructura fragmentaria es la única forma honesta de representar un pensamiento que se reconoce a sí mismo como inseguro, turbio, difícil. El desmantelamiento del sintagma y el uso del blanco como puntuación son las herramientas minimalistas que fuerzan al lector a habitar el vacío entre palabras.
A menudo, los poemas más interesantes son los que el lector asume como un reto. Y aunque nos cueste como alumnos y alumnas hay que intentar descifrar el misterio que ocultan. Si nos fijamos, la estructura en tríptico (i, ii, iii) que sostiene el poema debe leerse como tres ángulos de aproximación al mismo abismo. Es una arquitectura de la duda que se niega a la clausura. El ritmo, las pausas, los silencios, nos muestran una especie de orfandad del lenguaje: la certeza de que la palabra, despojada de su referencia normal, se encuentra a la intemperie, sin un asidero firme en la realidad.
Al operar bajo esta conciencia, el poema renuncia a la ambición romántica de nombrar el mundo. Por el contrario, asume la más alta ética de la poesía: la rigurosa constatación de la imposibilidad de hacerlo. Alguien que escribe poesía debe ser consciente de que forma parte de algo mucho más complejo que la mera creación de versos. Tal y como hace la poeta valenciana, la escritura se convierte en un artefacto depurado de todo ornamento, porque cada adjetivo o cada frase innecesaria es, para esta forma de entender la creación poética, una mentira o una distracción.
El minimalismo formal es, por tanto, una consecuencia directa de la temática: para abordar aquello que se resiste a la palabra, la palabra misma debe volverse transparente y cortante. Busca la precisión no para afirmar, sino para exponer la grieta, la fisura, por donde la verdad se escapa. El sentido reside en esa elusión, en la tensión entre lo dicho y el silencio que la forma obliga a respetar y a habitar.
Es curiosa esta forma de entender la poesía. Pero nos parece que no es extraña a otras poetas, como María Negroni, Marosa di Giorgio, elsa Cross, Blanca Varela o la propia Alejandra Pizarnik, salvando todas las distancias. Todas las poetas anteriores, de algún modo, como Lola Andrés, rechazan la dimensión vocal de la palabra para demandarla como algo palpable y concreto, algo que pueda ser sostenido en la mano, incluso si es imperfecto, rugoso o contiene la mugre de la existencia. Pero que no podemos manosearla ni agotarla. Porque lo importante ya no es explicar el mundo (¿acaso se puede?), sino señalar la otra penumbra, ese espacio de misterio que la lógica es incapaz de iluminar. Es en esta rendición ante el misterio donde emerge la conexión con todo lo que es distancia, como cuando en el amor aceptamos vivirlo desde la incomunicación. la poesía, entonces, igual que ese amor, habita la brecha, el espacio entre lo que se intenta decir y aquello que es permanentemente inefable o que no se puede decir.
El poema concluye, por tanto, en una lucidez sobre la derrota: aquello que el mundo oculta ya no podrá decirse, lo tomaremos en nuestras manos, pero será vano contenerlo, porque tampoco se puede asir el amor. Por eso, el silencio no es una ausencia, sino la condición de posibilidad para esta poesía que solo puede nombrar lo oculto al abrazar su propia insuficiencia, la propia decisión de no ser ya nada.
Agradecemos a la poeta Lola Andrés el envío de este texto para nuestro proyecto LA VOZ DE LA POESÍA. Para el alumnado, esta lectura debe servir como una lección fundamental: la poesía no siempre es fácil. Su dificultad es paralela a la dificultad de conocerse a uno mismo. Leer poesía no es buscar respuestas claras y completas; leer es empezar a indagar sobre nosotros mismos en un plano de profundo desconocimiento. Solo cuando la palabra falla, como lo demuestra magistralmente este poema, empezamos a habitar nuestra propia intemperie y a percibir, por fin, lo que se oculta de nuestra más profunda intimidad.
ACTIVIDADES:
Imagina otro título posible. Justifica tu elección.
Hay alguna palabra que no conozcas del poema. Busca su significado en ese caso. ¿Es necesario que un poema se escriba con palabras bonitas para que te guste?
Trascribe la Primera Sección (I) del poema, pero eliminando todos los espacios horizontales (sangrías y blancos entre palabras) y uniendo los cortes de verso donde la pausa no sea obligatoria (convirtiéndolo en prosa o versos largos) ¿Cómo cambia el sentido y, más importante, el ritmo y la sensación del texto al eliminar los blanco.
Escribe un breve párrafo (5 a 7 líneas) sobre una emoción fuerte (ej. nostalgia, miedo, alegría). A continuación, elimina sistemáticamente todos los adjetivos superfluos. Todos los adverbios de modo. Cualquier frase que sea una mera explicación o adorno. ¿Al reducir el texto a su esqueleto (verbos y sustantivos esenciales), el texto resultante gana en fuerza y precisión o lo contrario?
¿Qué papel juega el silencio en el poema?
¿Sientes que el poema de Lola Andrés te ha llevado a indagar en algo de tu propia intimidad que no conocías o que no podías nombrar? Si es así, escribe un párrafo explicando qué ha sido ese elemento. Si no, explica por qué crees que el desconocimiento (y no la certeza) es el punto de partida para la poesía más interesante.
Busca información sobre las poetas que se nombran en el comentario. Elige alguna de ella y busca algunos de sus poemas. ¿En qué sentido se parece tu elección al poema de lola Andrés?
Conoce y lee la Revista Nayagua. La revista es publicada por la Fundación Centro de Poesía José Hierro. Es importante saber por qué lleva ese nombre. Investiga sobre José Hierro. El poeta es conocido por su poesía de la experiencia, que valora las vivencias personales. ¿Creen que los poemas de Lola Andrés que aparecen en la revista continúan, de alguna manera, esa tradición de hablar de la experiencia de la vida?
Si nos centramos en el 38 (pincha aquí), donde aparece el poema de esta semana, en el Editorial, la directora habla de un mundo lleno de "ruido," "posverdades campantes," y "virtualidad." ¿Qué significa "posverdad"? La directora dice que la poesía es una forma de "poner el cuerpo" y resistir el ruido. ¿Cómo puede un poema escrito en una página ayudar a la gente a resistir el exceso de información o las mentiras que vemos en las noticias?
Elige otros poemas que aparezcan en esa Revista y justifica tu elección.
En la Revista también aparecen aforismos. Elige algunos de ellos y explícalos con tus palabras.
Crea tus propios aforismos. Sigue, si quieres estas recomendaciones.
De alguna forma, esta manera de entender la depuración de la escritura se puede relacionar con el tachismo. Practica esta forma de creatividad literaria, para ello, visita las siguientes entradas de nuestro blog: Ferrán Destemple y el tachismo; Poema tachista; Poesía y collages.
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